Sociedad

Es momento para apreciar cada instante que la vida nos regala.

Por :Giovanna Fuentes- Periodista

En estos tiempos de cambio, en donde los niños, no van a la escuela, los adultos trabajan desde casa, y las noticias nos preocupan, es importante hacernos la reflexión sobre el aprendizaje que nos presenta la pandemia. ¿Qué nos está enseñando? ¿Qué has aprendido de estos días de aislamiento? ¿A qué tienes miedo? ¿Qué pensamientos llegan a tu mente? ¿Cómo ha sido la convivencia con tus seres queridos?.

Es por ello, que en este tiempo de mirar hacia nosotros mismos, es clave apreciar aspectos como la oración, la conexión con la fuente divina, para mi Dios, el agradecimiento, valorar el silencio, la sonrisa de nuestros seres queridos, el abrir los ojos cada día, y darnos cuenta de que estamos vivos, disfrutar desde la ventana, el movimiento de las hojas de los árboles, los latidos de nuestro corazón, los alimentos que tenemos en fin…

Y en esa danza de apreciar, hacer conciencia de la forma como gestionamos las emociones, para sobrellevar este tiempo extraordinario en donde todo ha cambiado y la dinámica de la vida cotidiana, afuera se ha pausado.

Es quizás un instante para la expansión de conciencia, para recordarnos el valor de la solidaridad, de que no solo nos quedamos en casa para proteger nuestras vidas, sino preocuparnos por la vida de otros: las personas en condiciones de vulnerabilidad, aquel que no tiene un techo, comida, y necesita que lo cuiden.

Es un tiempo, en para repensarnos y poner nuestros dones y talentos al servicio de la humanidad, pero con todo la energía, entusiasmo, pasión, y entrega, valorando el trabajo de otros, que a veces, en esa rutina que se ha pausado, de la vida mirando para afuera, se menospreciaba y subvaloraba, por creer que lo que hacíamos era mejor que lo del otro.

Quizás sea la ocasión para que en vez de criticar y devaluar los dones, talentos y servicios de otros seres humanos, comprendamos que cada persona en este planeta es vital, para nuestra sobrevivencia, la señora que nos hace el tinto, la persona que corta el césped, los trabajadores que limpian las oficinas, los que trabajan recogiendo las bandejas y limpiando las mesas en las zonas de comida de los centros comerciales, los vigilantes, y que hoy no se quedan en sus casas, sino que vienen cada día, el campesino que cultiva la tierra, y nos prodiga de alimentos, los médicos, enfermeras, y todo el personal que labora en hospitales, los científicos, en fin a todos aquellos héroes silenciosos.

La lista es larga, esto para recordarte que sin los talentos de otros seres humanos, el progreso y tus talentos no se podrían expresar. Estamos conectados, en un mundo sistémico, en donde para que las grandes multinacionales, empresarios y sociedades progresen hay millones y millones de personas, haciendo lo que mejor saben hacer.

Somos más que seres humanos caminando por ahí, y desconectados el uno del otro, como nos hace creer la mente dual, de que estamos separados. Es tiempo de apreciarlo todo, hasta aquel que se ha convertido en tu enemigo, pues has sacado tu fuerza.

Pero no solamente es el momento de reflexionar sobre el valor de las personas, que quizás en las empresas algunos jefes y líderes desdeñan porque piensan que lo pueden cambiar por otro, como una pieza del ajedrez, sino de reflexionar sobre lo que esas personas representan en sus compañías, ya que el alma de las empresas no es el mobiliario, ni sus
edificios, sino las personas, y a veces, a esas personas no se le da el valor que merecen. El capital humanismo es quizás, uno de los activos más valiosos de estos tiempos, por eso es hora de apreciarlo.

Así que te invito a reflexionar e ir más allá del miedo, a pensar y mirar la vida con fe y esperanza, de que arriba el todopoderoso, la fuente divina nos cuida y nos ama sin condiciones. Llegó la hora de volver hacia nuestro interior, y de abandonar banalidades para unirnos como ciudadanos y construir un mundo, en donde la solidaridad sea la que mueva almas, y los colores del firmamento, sean lo que inspiren el deseo de movernos, donde la sonrisas conquisten corazones, y en cada rincón del planeta, se respire el aire de los nuevos vientos de cambio, en donde los niños sean amados, cuidados y respetados, de verdad, y se practique el privilegio de dar, lo mejor de nosotros sin condiciones.

Es el momento de valorar cada regalo que la vida nos ofrece. De volver a recuperar la capacidad asombrarnos y sorprendernos con las cosas simples, como la puesta del sol, el sonido del agua, el encuentro con otro ser humano, un saludo, un te quiero, y de apreciar cada instante que la vida nos regala. En vez, de seguir en la corriente del miedo, el juego de la culpa, la crítica, el oído, y el afán de poder absoluto.

Recuerdo que el otro día, antes de que el mundo anunciará la pandemia, un par de jóvenes se subieron a cantar en el transporte público, y su mensaje fue tan bello, que aplaudí un buen rato. Su mensaje rezaba así: sueño con un planeta, donde los seres humanos cuidemos de otros, donde exista paz, y progreso. Sueño, con un planeta, donde la igualdad, la conciencia de cuidar del otro, se respire en todos los rincones. En donde en vez, de salir a cuidar nuestras pertenencias, construyamos un mundo, en donde la tolerancia, la comprensión, humildad y el amor transformen vidas.

Desde mi corazón sueño, titulares de prensa, que hablen de que la vida se ha impuesto y ha sido la gran triunfadora, en este tiempo extraordinario del coronavirus, que nos invita a elevar nuestra conciencia y a comprender que somos vulnerables y que serlo, es otra cualidad del maravilloso don de la vida. En donde podamos ampliar nuestra mirada, no aquella relacionado con los ojos, sino la tiene que ver con la forma como interpretamos las cosas de manera consciente, sin que el ego, las creencias heredadas y los juicios nos ganen la carrera.

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