A la edad de 83 años falleció Gloria Zea, una de las gestoras culturales más importantes del país, quien fue directora del Museo de Arte Moderno de Bogotá durante cerca de 50 años, desde 1969 y hasta 2016, año en que presentó su renuncia.

El deceso de Gloria Zea se dio en la tarde del lunes 11 de marzo en la Fundación Cardioinfantil, según confirmó Blu Radio.

Zea, hija del político liberal Germán Zea Hernández, fue una pieza clave para la cultura del país; estuvo detrás del Museo de Arte Moderno de Bogotá, del que fue directora durante 46 años (hasta febrero de 2016), y la restauración del Teatro Colón, por mencionar algunas de sus gestiones más destacadas.

Su fallecimiento lo lamentó el Teatro Colón a través de un trino, en el que destacó la dedicación de su vida a la cultura.

Exesposa del maestro pintor y escultor Fernando Botero, también estuvo a la cabeza de Ópera de Colombia, y, desde 1988, directora del Camarín del Carmen.

Dentro de sus logros más representativos en el ámbito cultural se cuentan el llevar el mando del Museo de Arte Moderno, estar detrás de la construcción del edificio actual del museo diseñado por Rogelio Salmona, la restauración del Teatro Colón, el Camarín del Carmen, el Museo de Arte Colonial de Bogotá, el Museo Nacional y la Biblioteca Nacional.

Zea fue la creadora y directora del Museo de Arte Moderno de Bogotá (MAMBO) durante 46 años y también líder de Colcultura.

Cuando fue su retiro en la dirección del MAMBO, el artista Nadín Ospina la definió como un “personaje fundamental en la historia del arte colombiano”. Fue una de las primeras mujeres en profesionalizar los museos y en interesarse en la preservación, recopilación y divulgación del arte moderno del país.

Durante su paso por el MAMBO logró una colección de más de 3.600 obras de arte y traer exposiciones de Marc Chagall, Alexander Calder, Pablo Picasso y Andy Warhol, entre otros.

‘La dama del arte’ como es catalogada por el mundo artístico en Colombia, fue una luchadora incansable en una época en la que “a las mujeres no les creían”, como ella misma dijo en un video homenaje hecho por el MAMBO.

“Le recomiendo a las mujeres colombianas que quieran trabajar y hacer una labor y dejar su huella que usen la frase que es tan común pero tan expresiva: mano de hierro en guante de seda”.

 

 

Por: ABETH G KAMELL

 

Siendo apenas un muchachito de pantalón corto, un pelao de barriada, o dicho de otra manera más coloquial: “un cagón” que en las estaciones de la primavera elevaba barriletes de vivos colores y jugaba trompo en las polvorientas calles de San Jacinto y El Carmen de Bolívar, aprovechando el veranillo de San Juan, en el corazón de Los Montes de María, donde crecí, escuchando bandas| de 40 músicos empíricos y paseos, merengues y charangas de Calixto Ochoa y el maestro Alejo Durán con su “Pedazo de Acordeón”, tuve la grata experiencia de escuchar por la radio en am, (puesto que en esos años cavernícolas aún no se sabía con o sin certeza en nuestro medio, qué era realmente una frecuencia de radio en FM y cuáles eran los enormes beneficio de la era de la globalización tecnológica referente a la robótica de nuestros tiempos), lo que la plebe y el mismo vulgo decía sobre un juglar vallenato que había nacido en el corregimiento de Candelaria en el Cerro de San Antonio en predios a Pivijay Magdalena y Fundación, y que se estaba

robando el corazón de las mujeres bonitas de todas las edades y condiciones sociales de la provincia, llamado Juancho Polo Valencia a quienes muchos bocones y lenguas largas lo veían como el bufón del rey o como una figura caricaturesca que tocaba acordeón, tomaba mucho ron en las fiestas de la Virgen y en las de las corralejas, en que el ron popular lo hacía alucinar y a hablar disparates cuando se embriagaba hasta la saciedad, pero eso sí: sin soltar el acordeón colgada en su pecho como el ángel de la guarda, entonando sus composiciones famosas en casa de gamonales y latifundistas del Magdalena Grande mucho antes que el expresidente López creara al departamento del Cesar y al mítico Festival de la Leyenda Vallenata en la incipiente Valledupar con Consuelo Araujo Noguera y el maestro Escalona, y esas canciones que enamoraban por su letra y contenido y por la fragancia de las hojas verdes de los montes, así como por las escobillas y la leche caliente recién extraída de las ubres de los semovientes de los hatos y cultivos con olor a sándalos que invitaban a tomar trago, era nadie menos que Alicia Adorada, inspirada en lo que más quería: su esposa por la iglesia católica, Alicia María Hernández Páez, la mismísima Alicia Adorada de la célebre canción póstuma de Juancho, quién debido a un descuido suyo justamente, falleció sin quien pudiera llevarla oportunamente a un hospital debido a que su marido trashumante y sibarita, andaba tocando bailes y todo tipo de festejos en todo los pueblos de la Costa Caribe colombiana donde era considerado un ídolo en su estilo dicharachero, francote y a la vez humilde.

Pero también era cierto, que en la época en que el vallenato era más de pueblo que de ciudad, cuando en los clubes de la alta sociedad, es decir: de la burguesía de Valledupar para citar un ejemplo y en otras ciudades, la música que se escuchaba era la europea, casi la medieval de piano de cola y mazurcas vienesas, a los acordeoneros, verseadores, cantantes y compositores, los buscaban expresamente, esa misma gente rica y excluyente, para que fueran a tocar fiestas de compadres muy adinerados en fincas, hatos y caseríos fuera de la urbe para ganarse unos pocos pesos en medio de juergas de 2 y tres días de parrandas llenas de licor y carne de monte, y Juancho Polo Valencia, no era la excepción de la regla, por cuanto que, iba con su conjunto, tocaba, se emborrachaba y por allá a las dos o tres semanas estaba de vuelta a su hogar con los bolsillos llenos, pero generalmente mal trajeado y oloroso a ron caña, o ron blanco, y esa parte fue la que llevó a que este juglar vallenato del glorioso Magdalena Grande de entonces, la embarrara con lo que siempre más quiso: su esposa, que aún moribunda en su lecho de enferma, lo invocaba como quien invoca a un espíritu de luz para que se presentara a darle una mano lo que nunca sucedió por lo ya expuesto.

Y Juancho iba a cantarles por plata como era de suponer --y por ahí derecho, a degustar sancochos y a ingerir ron--, a la gente rica del Sinú, de Bolívar, de Córdoba, de Fundación, de Pivijay, de Valledupar y toda la provincia de Padilla y la Guajira, que les gustaba oír con su particular estilo las notas sentidas, lentas, rápidas y alegres de su acordeón,(según el aire que le tocara digitar y cantar dentro de los cánones del vallenato, esto es: Paseo, merengue, son y puya, con la que conquistó miles de corazones en todo Colombia, incluyendo la zona bananera y sus pueblos cerca de Macondo por los cuales pasaba el tren muy de mañana con un alboroto descomunal pitando y lanzando bocanadas de humo quemado, desde Santa Marta desde donde iniciaba su recorrido, hasta Bosconia y Gamarra,

atravesando el corazón de la zona bananera como Tucurinca, Aracataca, Sevilla, Guacamayal, Ciénaga Magdalena, y Santa Marta, porque entre otras cosas, la gente rica que lo contrataba solo de palabra, porque entre otras cosas, no existían aún las notarías donde elaborar un documento, se maravillaba con su personalidad escueta y humilde no obstante que fuera un hombre desdentado con cara de hambre, filudo, de pómulos hundidos y ojos de loco, que aunque no tenía parecido con Homero el ciego griego de la Ilíada y la Odisea, había trascendido en la cultura rural del Caribe colombiano, en que llegó a ser un abanderado junto al maestro Alejo Durán, a Luis Enrique Martínez, Abel Antonio Villa, el hombre de Piedras de Moler y el mejor vestido del Magdalena Grande de eso años, y de Pacho Rada, aquel maestro de Plato Magdalena, autor del Tigre de la Montaña que magistralmente interpretó Alfredo Gutiérrez en su momento, y quien fue quien lo descubrió y le enseñó a tocar el acordeón, en épocas igualmente de Andrés Landero, El viejo Mile, Toño Salas en El Plan y Lorenzo Morales, al punto que muchos señoritos de la época, durante sus tertulias literarias y etílicas de la provincia Caribe elogiaban, tildándolo de ser un mito y poeta de pueblo que tenía una nota alegre y fiestera como un fandango sabanero cuando se embriagaba que daba gusto, pidiéndole que les tocara, Alicia Adorada, una y muchas veces durante la juerga, así como La Niña Mane, Si, si sí, Lucero Espiritual, Marleny, El Pájaro Carpintero El Duende, Carmencita y hasta La muerte de Alfredo Gutiérrez, cuando se regó la bola que se había envenenado con folidol, entre otras melodías de su inspiración.

Y justamente fueron esas las melodías que hicieron grande a Juancho Polo Valencia, quien hasta se colocó como apellido Valencia, para reverenciar a un poeta payanés llamado Guillermo Valencia.

Este pintoresco hombrecillo sacado como de un cuento de los hermanos Green o del mago de Oz llamado Juancho Polo Valencia, tras el matrimonio con su Alicia Adorada, tuvo un hijo, bautizado como Juan Polo Hernández.

Pastor López de Venezuela con su combo, por su lado, también tuvo que ver con la fama de este juglar, alumno aventajado de Pacho Rada, cuando en una de esas pegajosas canciones, populares del venezolano, decía que Juancho Polo, no tenía dientes ni tenía muelas pero que con sus canciones se robaba la admiración de chicos y grandes.

En mi concepto, las canciones históricas más significativas de este buen hombre magdalenense son:

* Alicia Adorada

* Lucero Espiritual

* Sí, sí, sí

* El Duende

* La Niña Mane y

* Marleny

Recuerdo mucho que en los pueblos de la zona bananera donde transcurrió parte de mi adolescencia en casa del señor Buelvas, mi tío, en Tucurinca, las mujeres se enloquecían cuando se enteraban que Juancho Polo iba a tocar en su pueblo, como también aconteció en alguna ocasión cuando encontré a mi madre, muy bien

empolvada y pintoreteada y con un vestido satinado rojo, y le pregunté el porqué de tremenda pinta y lo único que atinó a responderme fue:

--Ajá hijo mijo ¿y acaso no ves que esta noche va a tocar en la caseta “El Platinazo” Juancho Polo--, concluyó sin aspavientos ni presunciones mi madre campesina. Por mi lado, entendí el mensaje y resolví guardar silencio y carcajear sin burla, bajando un poco la cabeza para evitar que mi madre querida, pensara que me estaba riendo de su probable disparate propio de su época.

Lamentablemente el juglar del Cerro de San Antonio, de Fundación y Pivijay en particular, nunca pudo disipar la pena de la muerte de su esposa tras un desgraciado parto utópico en que perdió nutrientes muy importantes de la vida como sodio, potasio y sangre, y justamente esa “mea culpa” que llevaba colgado en su alma y que lo persiguió persé persé como un duende maluco, fue unos de los factores que lo llevó a la depresión y que lo inspiró en medio del dolor, para componer una canción clásica vallenata, que rompió el corazón de mucha gente y que se denominó, Alicia Adorada, como homenaje póstumo a su esposa allá en Flores de María.

Pero de seguro, el golpe más doloroso que le asestó el destino en toda su existencia desde que nació el 18 de septiembre de 1918 hasta cuando falleció el 22 de julio de 1998 en Fundación Magdalena, a los 59 años de edad, fue cuando ya de regreso a casa, tras su larga correría, debió detener su marcha para dejar pasar un entierro en que iba metida en un cajón, ya muerta, la gran Alicia Adorada, lo que llevó a que su tragedia se dimensionara más aún, cuando preguntó a alguien de la concurrencia que iba acompañando a quien fuera su esposa, hasta su última morada.

--Oiga amigo, ¿quién murió?

--¡Su mujer… o sea, su esposa si es que no lo recuerda!, respondió irónicamente y bastante molesto el hombre, y continuó su marcha junto a la concurrencia.

Sus composiciones siempre iban llenas de alegría pero también de tristezas y trascendieron a través de la historia del folclor vallenato porque además de sus interpretaciones, fueron cantadas igualmente, por gente de muchos kilates dentro del argot musical vallenato como Jorge Oñate con el acordeón de Juancho Rois que hizo grandes a Alicia Adorada durante décadas, al igual que el maestro Alejo Durán y Carlos Vives con Egidio Cuadrado, y Diomedes Díaz con Juancho Rois con Lucero Espiritual y Marleny, además de Poncho Zuleta, cuando interpretó con su sonora garganta, La Ñina Mane. La vida de este juglar del Magdalena Grande, transcurrió entre risas y llantos, y entre amores furtivos y delirios que le producía la vida misma del diario transcurrir.

Juancho muy a pesar de no ser un hombre físicamente bien parecido como un Valentino o un Don Juan por ejemplo, sabía conquistar el amor de una mujer a donde llegaba a presentarse, quizás como los grandes poetas del medioevo europeo, sin que él mismo lo supiera.

Su arte era palpable, tangible en especial, cuando abría los fuelles de su acordeón para iniciar una parranda o cualquier acontecimiento por aristócrata o humilde que

esta fuera. No obstante del dolor de perder a su mujer en las circunstancias referidas, fue un hombre feliz que le cumplió a su país. Entre 1918 cuando nació y 2019, pasaron cien años.

 

Todo el potencial económico y empresarial del centro del país se concentra desde este jueves en Corferias, escenario de ExpoCundinamarca 2018, la feria que busca resaltar las características culturales, gastronómicas y turísticas de este departamento.

Uno de los objetivos de la feria es exponer a propios y visitantes las bondades culturales y las actividades para la familia que ofrecen los 116 municipios de Cundinamarca, a través de seis tipos de turismo en los que el departamento es líder.

Los visitantes podrán, a través de varios eventos, descubrir ofertas en agroturismo, aventura, bienestar al natural, ecoturismo, la ruta de la leyenda ‘El Dorado’ y turismo religioso.

“Este proceso (...) no ha desconocido a los pequeños gremios. Hubiéramos podido montar una actividad con los grandes operarios turísticos del país pero no lo hicimos de esa manera. Fuimos a las regiones e invitamos a los pequeños operadores de los hoteles para que se vincularan de manera activa", explicó el gobernador de Cundinamarca, Jorge Rey.

El evento se lleva a cabo desde este jueves 6 y hasta el próximo domingo 9 de diciembre en el pabellón 17 del centro de eventos y exposiciones Corferias. La entrada es gratuita.

El evento inaugural se llevó a cabo esta mañana en el teatrino del pabellón 17 de Corferias, con la presencia de empresarios y las autoridades nacionales, departamentales y distritales, así como de representantes de los diferentes gremios.

Entre las actividades programadas se encuentran una agenda académica compuesta por foros y talleres sobre el turismo y el desarrollo regional, concursos de belleza, actividades para niños, un show de comedia y juegos pirotécnicos.

También está programada la celebración de la noche de las velitas para el viernes 7 de diciembre y varios conciertos que se realizarán los días sábado y domingo, con la participación de artistas como Andrés Cepeda, Kevin Flores y Ómar Geles.

En la noche de este jueves se realizará un desfile de moda con la presentación de María Francisca Rocha, una de las colombianas más destacadas en ese ámbito. Allí se presentará la colección ‘Tejedoras de historias’, del diseñador Juan Pablo Socarrás, que busca narrar la tradición de las hilanderas en el municipio de Cucunubá.

Por su parte, la firma ‘Bendita Seas’ presentará la colección ‘Sentimentalismo’, que utiliza materiales textiles como cueros y lanas que se producen en el departamento. Este desfile será amenizado por el grupo Tinto y por la Banda Sinfónica Juvenil de Cundinamarca.

 

 

Seamos sinceros: si no fuera por Groucho sólo unos pocos cinéfilos recordaríamos las películas de los hermanos Marx. A cuarenta años de su muerte, Groucho trasciende menos por sus filmes que por esas frases suyas cargadas de ingenio que jamás envejecerán.

¿De que sirve el ingenio cuando no nos divierte? No hay nada más fatigoso que un ingenio triste.

Iván Turguéniev

"Su desvergonzado desprecio por el orden establecido, basado en una falta absoluta de sentimentalismo, hará tanta gracia dentro de mil años como lo hizo entonces", dijo alguna vez Woody Allen sobre Groucho y tiene razón.

Las películas de los hermanos Marx —Groucho, Chico, Harpo, y en ocasiones Zeppo—, que constituyen casi un 'género' cinematográfico, puede que resientan el paso del tiempo si nos detenemos en las bufonadas mudas de Harpo y los lucimientos musicales de Chico, pero el humor corrosivo y subversivo de los Marx, esa convivencia única e irreverente de anarquía y absurdo —cuya mejor ilustración es la famosa escena del camarote de la película 'Una noche en la ópera' (1935)—, sobrevivirá junto a las agudezas verbales de Groucho que parecen refractarias a las traducciones aproximadas y el acento esquivo de los doblajes.

comedia silente en las películas de los hermanos Marx, Groucho le dio al recién estrenado cine sonoro una razón de ser con sus exaltados desplantes verbales en donde ponía al mundo patas arriba al perturbar toda lógica. "¡Si nos encuentran estamos perdidos! // ¿Cómo vamos a estar perdidos si nos encuentran?" se escucha en la delirante 'Sopa de ganso' (1933). No es de extrañar entonces que la frase "Soy marxista de la tendencia Groucho" fuera una de las pintadas de las revueltas estudiantiles del mayo francés de 1968, una declaración de principios con la que aquellos jóvenes descontentos y deslenguados que querían cambiar el mundo de una vez se quitaban de arriba la presión de la ortodoxia ideológica de una izquierda anquilosada.

Como Chaplin, cuya 'imago' se puede abreviar a bigote y bombín, a Groucho lo revelan sus gafas redondas y el bigote y las cejas pobladas; sin olvidar, por supuesto, su eterno puro, protagonista de uno de sus mejores lances de ingenio: "Quiero mucho a mi marido", le dijo alguna vez una madre de once hijos para explicar su fertilidad.

"Señora, a mí me gusta mucho mi puro, pero de vez en cuando me lo saco de la boca", objetó el comediante. Groucho, que conoció a Charles Chaplin cuando éste apenas si comenzaba a triunfar en la pantalla grande, reconoció en sus memorias ('Groucho y yo') que el inglés fue "el actor cómico más grande que el cine o cualquier otro medio artístico haya producido jamás", lo cual no es un elogio menor proviniendo de un artista al que no pocos le rinden parejo tributo.

El judío y el antisemita

En Groucho, la máscara íntima y a la vez extrínseca que suponen las gafas, el bigote y las cejas, borró por completo a Julius Henry Marx, que tal era el verdadero nombre de quien confesara en cierta ocasión que si bien disfrutaba como actor las carcajadas y los aplausos del público su "mayor afición" había sido siempre el dar a la imprenta algo escrito por él. Esta inclinación por las letras quizás explique por qué cuando a inicios de 1961, en una carta remitida desde Londres, el poeta T.S. Eliot le pidió una fotografía con dedicatoria, Groucho se la enviara sin preguntar razones. En una carta posterior, Eliot le agradeció el envío, pero le solicitó una nueva foto en la que estuviera "caracterizado como en las películas". A partir de ahí se establecería una curiosa relación epistolar entre un judío sagaz y un antisemita embozado en la que el ingenio caótico de Groucho resquebrajaría la mesura y circunspección del autor de 'La tierra baldía'. "Los periódicos publicaron su fotografía y dijeron que, entre otros motivos, venía usted a Londres para verme. Esto aumentó considerablemente mi prestigio en el barrio, de manera especial en la verdulería de la esquina", reconoce jovial Eliot en una de sus cartas al histrión antes de un encuentro dilatado durante dos años que finalmente tuvo lugar en 1964 y cuya demora explica Groucho por la misma vía:

"Mi enfermedad, que hace tres meses mis tres médicos describían como leve, ha ocupado velozmente todo mi organismo. Me apena decir que los tres médicos tienen cierto interés en su bienestar económico. Por esta razón, y hasta el momento, me han sacado ocho mil dólares".

Julius Henry Marx nació en Nueva York, el 2 de octubre de 1890; Groucho falleció en Los Ángeles el 19 de agosto de 1977. Entre ambas fechas se las ingenió para prodigar su divertido ingenio en una veintena de películas, un par de programas de radio, un concurso televisivo del que fue anfitrión y ganar un Oscar honorífico (1974). Su anarquismo —"sea lo que sea, estoy en contra"— y el frecuentar amistades sospechosas de "actividades antinorteamericanas" despertó la suspicacia del FBI que lo investigó desde los años cincuenta hasta principio de los sesenta. Desafortunadamente, una neumonía intratable truncó su intención de "vivir para siempre o morir en el intento" y le impidió además cumplir la exhortación de una admiradora de mediana edad que se lo encontró en una calle de Chicago y le pidió tímidamente: "No se muera,se lo suplico.Siga viviendosiempre"

Fuente : Sputnik

 

 

Por cuarto año consecutivo el Bogotá Short Film Festival de Cortos de Bogotá - BOGOSHORTS se propone integrar los mundos del cine y la gastronomía a través de un evento especial el lunes 10 de diciembre, en el que reconocidos expertos colombianos y extranjeros se enfrentarán al reto de interpretar en sabores, diferentes cortometrajes que han sido especialmente seleccionados a partir de la programación del festival.

Coordinado por Sebastián Hernández, montajista galardonado con el Premio Macondo por su trabajo en las películas La sangre y la lluvia (Jorge Navas, 2009) y El páramo (Jaime Osorio M., 2012), y editor de las series originales de Netflix Distrito Salvaje y Frontera Verde, ambas rodadas en Colombia; BOGOSHORTS degusta ofrece a 50 personas la oportunidad de disfrutar de un menú sorpresa al tiempo que ven los cortometrajes que inspirarán las cuatro entradas, los tres platos fuertes y el postre que degustarán, cada uno con un maridaje especial.  

En esta edición, el escenario donde ocurrirá este encuentro casi sinestésico será el restaurante La Puerta Azul, una antigua fábrica de pasta en el barrio Usaquén de Bogotá. Allí nueve chefs invitados crearán estos platos inspirados en dos cortometrajes de la Competencia Nacional de Ficción, uno de la misma categoría de la Competencia Internacional y otro del Panorama Internacional de Animación.

Los perfiles de estos chefs son tan diversos como especializados: Alejandro Cuéllar, especializado en cocina silvestre, que desarrolla especialmente en su huerta Santa Beatriz, y juez invitado en las tres ediciones de Master Chef Colombia y cocinero invitado en Master Chef Polonia en el año 2016; Marcela Arango y Camilo Ramírez, creadores del restaurante El Ciervo y el Oso, donde exploraron a fondo sabores típicos e ingredientes locales y que actualmente incursionan en la comida callejera con su taquería El Pantera en el barrio Quinta Camacho de Bogotá; Sebastián Bedoya, cocinero en La Monferrina, restaurante italiano y fábrica de pastas, egresado del Instituto Argentino de Gastronomía; Juan David Gracia, consultor para restaurantes, chef del restaurante Primitivo y Empanadas La Regional; el chef español Koldo Miranda, quien tras trabajar con reconocidos chefs y restaurantes en España, abrió un restaurante con su nombre en Asturias, por el cual recibió su primera Estrella Michelin; la artista plástica Antonuela Ariza, cocinera empírica y activista gastronómica, fundadora de la heladería Selva Nevada y líder de la Alianza de Cocineros de Slow Food Colombia; David Orozco, creador del restaurante Chorilongo, que prepara comida rápida y callejera de forma artesanal, ha trabajado en Punta del Este, Barcelona, Aragón y el País Vasco, y el argentino Adrian Madio, que reside en Colombia desde hace 7 años y actualmente trabaja en el Bar Manager del Restaurante Juana La Loca, reconocido por los cócteles de autor.

Las personas interesadas podrán reservar su cupo, que tendrá un costo de $150,000, directamente con el restaurante llamando al número 321 4923523 o a través del link de Houspoon.

 

 

Página 1 de 14

Glass un film de terror y suspenso

Love Story - La voz de el inolvidable Al Martino

 

Usuarios

Please publish modules in offcanvas position.