Sputnik - Un equipo de científicos del Instituto Max Planck de Antropología de Leipzig hizo un revolucionario descubrimiento sobre el lugar de origen del Homo sapiens.

Tradicionalmente se creía que Etiopía era la cuna del ser humano moderno. No obstante, un grupo de arqueólogos encontró fósiles de Homo Sapiens más antiguos en el yacimiento de Jebel Irhoud, en Marruecos, lo que da al traste con la teoría anterior.

Según el estudio realizado por los científicos, la antigüedad de los restos hallados es de 300.000 años, lo que implica que son 100.000 años más viejos que los de cualquier otro hallazgo hecho hasta la fecha.

"Si hubo un Jardín del Edén en África, ese Jardín del Edén era del tamaño de todo el continente", dijo el director del Departamento de evolución humana de Leipzig, Jean-Jacques Hublin, en declaraciones recogidas por la cadena CNN.

Este no es el primer hallazgo que confirma que los Homo sapiens más antiguos surgieron hace más de 300.000 años.

El más reciente fue realizado por un equipo internacional de investigadores de la Universidad de Uppsala (Suecia), de la Universidad de Johannesburgo (Sudáfrica) y de la Universidad de Witwatersrand (Sudáfrica).

En un estudio publicado en la revista Science, los investigadores destacaron que los datos genéticos obtenidos de siete individuos que vivieron en los últimos 2.500 años en Sudáfrica mostraban que el Homo Sapiens surgió antes de lo que se creía anteriormente.

Además, los científicos apoyaron la teoría de que los Homo sapiens aparecieron por primera vez en África y su evolución se produjo de forma simultánea en todo el continente.

Fuente: Sputnik 

Por: Abeth Gustavo Kámell

 

Cuento corto 

 

Érase una hermosa mujer, concebida en medio de un gran amor de sus padres, Erlinda Macaya y Justiniano de los Santos Vega, un par de enamorados campesinos, que habían engendrado a una chiquilla que cuando llegó a los 15 años de vida, empezó a mostrar los atributos físicos que Dios y la Pacha Mama le dieron en hora buena, como aconteció con “El Cid Campeador” en su era de conquistador, y como un carisma del Espíritu Santo Paráclito y Consolador, con base en argumentos que no eran propiamente charlatanerías ni mucho menos un ego inflado por la leyenda, sino, que eran hechos reales, fundamentados en unos senos insinuantes y bellos que despertaban el deseo erótico hasta en el más tarado de los hombres, y qué decir de su abdomen plano, sus piernas largas y llenas sin siliconas o rellenos de porquerías contemporáneas de quirófanos baratos y de médicos embaucadores, además de una cintura, de una cadera moldeada desde el vientre de Erlinda, su madre, la vez que la hubo parido en medio de un alumbramiento, de un parto, llevado a cabo en un rancho de bahareque y techo de palma en el monte, iluminado con velas blancas gigantes en plena luna clara y bajo el empirismo y peripecias de una veterana comadrona que escasamente sabía leer y medio escribir su nombre de pila y nada más, culminado su obra maestra, con un rostro angelical con ángulos perfectos, adornado con unos ojos felinos de pantera, que brillaban con luz propia como un lucero espiritual, en las noches oscuras del campo, lo que la hacía ver como lo que realmente era: una despampanante mujer de una voz suave y cautivadora, a quien una tropilla de hombres coquetos y sinvergüenzas, perseguían para conquistar su amor y otra serie de cosas del mundo pecador muy fáciles de deducir.

Muy pronto la hermosa niña emplumó como la serpiente de los aztecas, conquistando corazones ajenos de hombres casados y solteros, creciendo y viviendo adecuadamente su adolescencia llena de admiradores, e igualmente, de mujeres envidiosas que la querían ver jodida, el caso de las Ballesticas, dos mujeres olvidadas por el trasegar de los años sin fin, cuyas lenguas viperinas cada vez que podían la volvían ropa de trabajo cuando se decían entre susurros:

--Bueno ¿y esta niña qué se creé? ¿Mis mundo o qué? y continuaban dándole palo:

--Acaso se olvidó ¿que nació en un rancho de una vereda, ah?

Pero Máxima que paraba el tránsito por donde pasaba, hacía caso omiso al chisme y pasaba por encima de todo ese tipo de cosas, propias de las amarguras que ocasiona la triste soledad de la eterna soltería.

--Me importa un pepino lo que ese par de señoritas quedadas y olvidadas por los hombres digan, así que pa- lante caminante—ella misma se defendía y se daba ánimos con base en lo que ella sabía que tenía: atributos físicos y mucha belleza en plena juventud como las estaciones de la primavera.

El tiempo fue pasando y Máxima se fue abriendo paso en el mundo del arte a través de los bailes populares de su región, aprendiendo a bailar muy bien, porros, cumbias, mepalés y fandangos de la región sabanera de su país, al punto que muy pronto era invitada a presidir las ruedas de gaitas donde era la figura de la noche como sucedió con Bonifacio Alandete, un hombre rico que cuando algo le gustaba, botaba la casa por la ventana como dice el dicho, al punto de localizarla y sonsacarla con ofertas tentadoras como el dinero que Máxima y sus padres necesitaban urgentemente, incluso, para comer y pagar la renta.

--Hola Máxima—le dijo una vez la tuvo enfrente suyo.

¿Qué hay de tu vida mujer hermosa—enseguida la piropeó con su galantería de pueblo, pero sincera.

--Pues, aquí como usted lo puede ver: viviendo lo que mi Dios me ha dado, ¿por qué? entonces a quema ropa lo indagó frente a tanto entusiasmo del gamonal sabanero.

--Pues mi querida dama—le dijo con gran sutileza—empezaré por decirte mi nombre: me llamo José Bonifacio Alandete y estoy para servirte cuando lo desees, así que soy todo oído—terminó su pequeño monólogo, aguardando a que Máxima le dijera algo sobre su vida.

--Mire señor. Usted me parece un hombre atrevido y muy lanzado pero a la vez interesante, por eso se me ocurre preguntarle:

--¿Qué pretende, qué quiere de mí? le disparó de frente y con gran sinceridad pero con respeto, por lo que el hombre rico, debió hablarle así como ella lo hizo: con sinceridad y escuetamente, sin temor a que la pudiera estar embarrando con semejante mujer.

--Mira Máxima, te soy sincero:

--Yo quiero ser tu novio o algo más si así lo lo quieres, o por el contrario: también me podrías mandar al carajo—le dijo dispuesto a salir de su casa “con el rabo entre las piernas”, por la puerta falsa, por la de atrás, o salir triunfador, conquistando lo que más deseaba: su cuerpo, sus ojos felinos y toda su belleza.

--Mire señor hacendado, soy una mujer pobre pero con dignidad, así que váyase con su música a otra parte ¿me entendió? lo paró en seco.

--Pero Máxima, yo sé que tu madre está pasando por una situación económica muy dura y yo podría ser tu solución—aclaró el hombre adinerado ya en últimas.

--Está bien señor Alandete, entonces ¿dígame qué propone usted?

--Pues mira-- dijo su pretendiente.

–Si tu accedes a estar conmigo y a brindarme tus atributos físicos, yo te regalo una muy buena casa amoblada y te entrego la escritura de una vez, ¿qué me contestas?

--Bueno, yo podría aceptar ante tanta gentileza suya, pero es que además de la casa, necesito dinero en efectivo, por lo menos, doscientos millones de pesos ya—fue sincera con él una vez más.

--Lo tendrás, por cuanto te daré ese dinero pero te propongo algo mejor—continuó.

--¿Qué será? preguntó Máxima (la de los ojos felinos), algo intrigada por conocer la respuesta.

--Mira, habrá una rueda de gaitas mañana en la plaza del pueblo, yo soy muy buen disparador de tiro al blanco, te propongo que te pongas una botella de cerveza en la cabeza, que te quedes quieta y yo te la quito de un tiro ¡te lo aseguro!

Así fue, porque Máxima le contó a su madre, que al fin la iba a sacar de pobre, y que además, iban a tener lo que nunca tuvieron: una vivienda con todos los corotos y cachivaches propios de un hogar por humilde que este fuera.

--Bueno Máxima:

--¡Hazlo y que Dios te bendiga hija querida, no sea que ese señor falle al dispararte a la cabeza y te pueda matar!—le dijo algo temerosa pero a la vez feliz por cuanto, por fin el destino iba a ser justicia con ella y con su hogar urgido de dinero y de un techo seguro “como el alero de la paloma” como dice “El Viejo Miguel”, una sentida canción valle nata de Adolfo Pacheco Anillo, el juglar de San Jacinto.

--Así será mamá—dijo Máxima dispuesta a asumir el gran reto de su vida, cual era, jugarse el pellejo y hasta profanar su virginidad con tal de acabar con la miseria económica de su madre, la añorada “vieja Erlinda, como le decía constantemente con amor y heredad.

Al otro día, ya en la plaza del pueblo donde se iba a llevar a cabo la rueda de gaitas y el fandango, Máxima llegó más linda que nunca, mostrando toda la mercancía que tenía sobre su humanidad como patrimonio físico y espiritual, y sin rodeos, entonces decididamente tomó una botella en sus manos del mejor ron de la región, alzó la copa y se tomó tres tragos grandes que la pusieron a volar, e inmediatamente se situó donde debía hacerlo, se puso la botella de cerveza en la cabeza y dijo sin temblarle la voz:

--Señor Alandete estoy lista, ¡dispare usted!

El hombre rico, tomó su pistola, la revisó, se tomó tres tragos grandes de ron, y apuntó, con tan mala suerte que el tiro no lo pegó a la botella que estaba sobre la cabeza de

Máxima, sino en uno de sus ojos felinos y se lo sacó, y como consecuencia, doña Erlinda, su madre, y ella, quedaron ricas, pero la bella mujer perdió lo más preciado que tenía: uno de sus ojos por el cual precisamente, le llamaban: Máxima la fandanguera de los ojos felinos, y ese nefasto suceso por otro lado, fue el causante directo para que a partir de ese momento, el público admirador suyo, empezara a llamarla con algo de sorna:

¡Máxima la tuerta! lo que hirió su amor propio y su ego de mujer hermosa y apetecida por la cofradía de quienes creen ser, los típicos machos cabríos latinos, de pelo en el pecho y remolino en otra parte sensible de sus respectivos cuerpos moldeados en los gimnasios del mundo globalizado.

 

 

 

 

Sputnik - El 18 de octubre se cumplieron 150 años desde que la bandera estadounidense se izó por primera vez sobre Alaska, después de que el Imperio ruso vendiera la región a EEUU. Desde entonces, cada 18 de octubre se celebra el día de Alaska.

Para saber por qué el zar se deshizo de aquellas tierras hay que entender que en aquel entonces ni el Gobierno ruso ni los habitantes de Alaska sabían que la región era rica en oro y petróleo. Además, en el siglo XIX el 'oro negro' no era un bien tan preciado como actualmente. 

Alaska estaba a tres largos meses de distancia por ruta marítima de San Petersburgo, la capital de Rusia en aquellos momentos. El Gobierno, además, no tenía un control real y efectivo sobre el territorio. Es más, en un país donde los viajes se medían en semanas y meses, hubo que esperar a la llegada de la URSS para que la zona del Lejano Oriente ruso —en la parte asiática de Rusia— empezara a desarrollarse como era debido. 

Desde el punto de vista histórico, a principios de los años 60 del siglo XIX Rusia se enfrentaba a una crisis por la derrota en la guerra de Crimea (1853-1856), un conflicto que enfrentó al Imperio ruso y a la alianza del Imperio otomano, Francia, el Reino Unido y el reino de Cerdeña.

La derrota en aquella guerra puso al descubierto los problemas del sistema político y económico del país eslavo, que tenía cosas más importantes en las que ocuparse que en la gestión de aquel territorio inhóspito y lejano. 

Para entender la transacción también hay que tener en cuenta dos acuerdos, el Tratado de Aigún (1858) y la Convención de Pekín (1860) firmados poco antes de la venta de Alaska. Según estos documentos, San Petersburgo iba a pasar a controlar vastos territorios en el Lejano Oriente. Estas tierras también requerían de un intenso desarrollo e inversiones y fue precisamente entonces cuando los rusos fundaron la ciudad portuaria de Vladivostok. 

El promotor de la idea de vender Alaska fue Nikolái Mouraviov-Amurski, gobernador general de Siberia Oriental, que defendía que "el que mucho abarca, poco aprieta". 

En aquel momento crucial para Rusia, el país tenía que decidir si 'echaba raíces' en los ricos territorios del Lejano Oriente o si seguía aferrándose a una región todavía más inaccesible para la época como era Alaska.

El Gobierno ruso era perfectamente consciente de que si los británicos o los estadounidenses trataban de conquistar las tierras rusas de Alaska sería muy difícil hacerles frente y enviar tropas y víveres. Las infraestructuras eran muy deficientes y la venta parecía la mejor opción.

Las autoridades rusas invirtieron el dinero conseguido en mejorar la red ferroviaria del país, que justo empezaba a construirse en aquel entonces.

Además, gracias a esta decisión, se desarrolló el Lejano Oriente ruso, se mejoraron las infraestructuras y se implementaron las reformas introducidas por Alejandro II, que aseguraron el crecimiento económico del país. Estos cambios ayudaron a que Rusia volviera a recuperar su posición en la arena internacional y le permitieron sobreponerse al descrédito de la derrota en Crimea. 

150 años después, ¿crees que Alaska podría volver a manos de Rusia?

Fuente: Sputnik

 

 

Por : Abeth Gustavo Kámell

Cuento corto

--Yo era apenas un jovenzuelo imberbe que creí tenerlo todo en mi casa, --en mi hogar--, al lado de mis dos viejos y bajo su protectora compañía paternal, pero que va: no era así por cuanto la vida empezó a girar como un remolino de adversidades con el paso de los primeros años de mi vida, en que mi madre tenía que pasar largas noche cociendo ropas ajenas para darme de comer, en una ancestral máquina de coser manual que había que darle pedal para que las costuras quedaran bien hechas, estéticas, colgando sobre un dispositivo de la misma, un gigante carruzo de hilo que se iba desmadejando en la medida que la pobre vieja afirmaba sus pies en los pedales del vetusto aparato.

En cuanto a lo que tenía que ver conmigo, vivía a pocos metros de la playa que daba a la mar en que fui criado en medio del sopor del trópico, e igualmente en medio de penurias de toda índole y de la brisa loca que parecía silbar, cantar y hasta en ocasiones llorar, y que formaba remolinos de arena en mis alrededores como un hongo gigante de ilusiones que alborotaban mis cabellos negros, lisos y abundantes que tenía como heredad, atiborrándolos de arenilla mezclada con diminutas piedritas doradas que parecían oro, sacadas del fondo del mar, lo que era usual por estas tierras en que vivía y en que aprovechando el furor y el entusiasmo del viento, volaba barriletes de colores profundos y encendidos como El Sol, hasta que alguna vez, tuve una especie de premonición que cambió el mapa de la historia de mi vida para siempre.

Todo empezó en la playa una mañana de primavera, cuando escuché una dulce voz que me seducía por su delicadeza y ternura para llamarme por mi nombre bautismal.

--Hola Pedrito—me dijo—quisiera que pudiéramos ser unos buenos amigos si te parece.

En medio de un asombro que en vez de erizar mi piel y dejarme mudo por un buen rato, lo que hizo fue hacerme sentir muy feliz, por cuanto que, tuve el valor de contestarle a la voz que percibí como la de una delicada mujer:

--Bueno, acepto—dije a secas, e inmediatamente silencié mi voz tímidamente bajando la cabeza hasta tocar el pecho en señal de sutileza y respeto por alguien a quien no conocía y que se atrevió a pronunciar mi nombre pero con un algo en que iba inmerso una alta dosis de amor y cariño que experimenté desde los pies hasta la cabeza, hasta el último pelo de mi cráneo.

--Y yo ¿con quién hablo por favor? proseguí.

--Con la lluvia —contestó y continuó seguidamente— con la señora lluvia que ha venido desde el cielo a hablar contigo— aclaró con una delicadeza sin igual que estremeció todo mi ser.

--Bueno y ¿en qué consistirá nuestra amistad y más aún cuando usted dice ser una señora mientras que yo soy tan solo un pelao de escasos 15 años de edad?—le hice saber en términos muy amables y respetuosos no obstante, aun estar impactado por lo que estaba viviendo que no era propiamente un detalle menor ni mucho menos una parodia o un acto de ficción, sino un hecho tangible, verdadero, de carne y hueso.

--Mira Pedrito, desde que estabas formándote en el vientre de tu madre te conocía, por cuanto Dios me dio el privilegio de seguirte de cerca, a partir del inicio de tu vida hasta nuestros tiempos en que ya eres un hombrecito con un gran corazón—le aclaró la mujer en tanto que todavía no le decía su nombre, viniere de donde viniere, del reino del Creador, de otra galaxia o de otra dimensión.

El joven a quien Dios permitió que fuera escogido por la señora lluvia y bajo su égida, para que sirviera de puente entre una deidad del cielo y los seres humanos, no estaba muy a gusto con el diálogo entre los dos porque analizaba que cuando él quería conocer el nombre de pila de la mujer, ella le cambiaba el libreto en el sentido de eludir esa situación por lo que en un acto de desesperación y curiosidad, tomó la determinación de preguntarle sin aspavientos:

--Mire señora lluvia, mi percepción, muy a pesar que apenas sea un jovencito sin grandes experiencias vividas dentro de mi adolescencia, me indica que usted puede ser la enviada de Dios, pero eso nada tiene que ver con que usted me diga sin rodeos cuál es su nombre, lo que me está llenando dudas-- se despachó el muchacho que del susto que se llevó cuando empezó a escuchar la voz del más allá que había citado su nombre, le provocó huir, corriendo despavorido como un caballo sin amansar y sin el bozal, y meterse en el primer hueco que encontrara, o dentro de las espumosas olas que mientras que transcurría la conversación entre los dos, iban y venían como si estuvieran sirviendo de marco para el gran encuentro entre la especial mujer y el pelao, hijo de Roquelina Isabel, una hermosa india morena de cabellos largos, tejedora de hamacas en un telar de tablas y latas de corozo, que se ganaba la vida vendiendo sus productos a los turistas en la playa, para dar de comer a su hijo Pedrito.

--Está muy bien Pedrito, sé que eres un muchacho especial que no escondes nada y dices de frente y sin misterio lo que sientes como acabas de hacerlo conmigo, y precisamente debido a esa actitud sincera, te voy a complacer revelándote el secreto:

¡Soy la Virgen María!

--María tú—dijo con un dejo de duda y a la vez de admiración.

--¡Sí, como lo oyes!

¡Soy la Virgen María! ratificó la mujer, una verdadera deidad ante los ojos de Dios y de su hijo Jesús a quien había dado a luz en un establo de Belén de Judea, como dicen Los Evangelios Hebreos.

--Perdone usted señora mía, porque creo que la he irrespetado al dudar de su procedencia y de su nombre, perdóneme por favor en nombre de todos los niños del mundo—le dijo, e inmediatamente se arrodilló delante de ella en señal de reverencia y devoción.

--Pero bueno Pedrito, ponte de pie y sigamos nuestra conversación porque si no lo sabías, te cuento que en estos precisos instantes, Dios tiene sus ojos omnipotentes puestos sobre ti—le hizo otra revelación a lo que el bendecido joven dijo:

--Por favor virgencita linda, ya que usted me escogió, dígame con sinceridad, ¿qué quiere de mí?

--Solo, que digas al mundo lo que acaba de suceder y que ingreses al seminario para que cuando ya seas un monje ordenado por la ley de Dios, sirvas con denuedo y amor a la humanidad, que impongas tus manos que desde este momento son benditas, a los enfermos para que sean sanados del cuerpo y del alma, y para que invites a quienes roban desde altos cargos al pueblo, a que no lo hagan más, y para que quienes matan por dinero se conviertan al evangelio de Dios. Tu misión, será llevar la palabra del Creador hasta los últimos rincones del planeta y a la vez expulses demonios y combatas a los brujos, a los hechiceros y a los agoreros—aclaró la madre de Jesús.

--Virgencita otro favor: por lo que más quiera, ayude a mi madre que es una mujer muy pobre, al punto que en ocasiones no tenemos nada que comer—suplicó nuevamente de rodillas en la playa, en que se desarrollaba el acto piadoso y la gran revelación como la que vivió Pablo cuando yendo camino a Damasco, El Hijo de Dios le habló en medio de un gran resplandor.

La Virgen María, bendijo nuevamente a Pedrito, y lo invitó a que fuera por el mundo a sanar enfermos y predicar la verdad, mientras que desaparecía en medio del rumor de las olas que parecían hablar con ella y con Pedrito mientras que se producía la gran revelación.

 

 

 

El representante a la Cámara por la Guajira, Antenor Durán Carrillo, acudió como todas las personalidades de Riohacha, al salón de eventos Yotojoro en la capital guajira, para participar en el lanzamiento de “Airampo”, la novela del periodista y escritor, Luis López Suarez.

Durán acompañó a Luis López, reconocido en todo el Caribe como  “Lucho Maquinita”, en la presentación de una obra que narra la guerra entre dos familias indígenas, originada por la pérdida del honor de una majayura o joven wayuu. Las familias confrontadas escogen el lugar para realizar la disputa y a ese lugar el autor decide denominarlo “Airampo”.

Desde ese escenario se desprenden los más insólitos relatos en torno al amor de Demetrio y Marunka que se desarrollan entre el desierto, las rancherías e involucran decenas de costumbres guajiras.

De acuerdo con los expertos “Airampo” de Luis López Suárez, es una narración mágica que enmarca y da a conocer el inmenso universo guajiro.

Bohemian Rhapsody -La vida de Freddy Mercury

Love Story - La voz de el inolvidable Al Martino

 

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