Sputnik — Alrededor de 60 piezas de oro del sepulcro del faraón del Egipto Antiguo, Tutankamón (reinó entre 1332 y 1323 a.C.), que nunca antes se mostraron al público, se exponen actualmente en el Museo Egipcio de El Cairo.

Según el periódico Al Ahram, son adornos que durante más de 90 años estuvieron guardados en un baúl de madera en un almacén del Museo, que en 2014 acometió su restauración en cooperación con científicos alemanes.

Son láminas de oro que fueron quitadas en 1922, tras el hallazgo de la tumba, de uno de los carruajes de combate del faraón, tienen estampadas escenas de vida cotidiana y también de peleas de animales.

Según el portal Youm7, los científicos afirman que no son dibujos tradicionales del Egipto Antiguo sino que tienen origen extranjero, se supone que las láminas fueron fabricadas probablemente en Siria y luego llevadas a Egipto.

La exposición estará abierta en el Museo Egipcio de El Cairo hasta finales del año en curso, después estas valiosas muestras se trasladarán al nuevo museo de historia egipcia que se construye cerca de las Pirámides de Guiza, su apertura parcial está prevista para 2018.

La construcción comenzó en 2002 y la inauguración se planeó para 2015, pero surgieron dificultades y las obras no pudieron completarse a tiempo.

En el recinto de este nuevo museo de 47 hectáreas se expondrán más de 100.000 obras artísticas, incluidas 4.500 procedentes de la tumba de Tutankamón, que fue descubierta por el egiptólogo británico Howard Carter en 1922 en el valle de Luxor.

El Museo Egipcio de El Cairo, situado en la plaza Tahrir, en el centro de la capital del país, exhibe una colección de monumentos del Egipto Antiguo y guarda decenas de miles de muestras en sus sótanos por escasez de espacio en sus áreas expositivas

Por: Gustavo Kámell

Cuento Corto

Hasta el cementerio acompañaron las águilas, los buitres y los gavilanes al “Mono” Amézquita

Era una tarde soleada y de ventiscas desbocadas cuando deudos y allegados sacaron el cajón de la funeraria con el cuerpo inerte y ya embalsamado (con algodones, formol y aceite de palma como acostumbraban hacer con los Faraones egipcios), del “Mono” Amézquita, para llevarlo en hombros hasta el campo santo del pueblo donde el padre Merlani aguardaba con sus hábitos puestos y su estola larga colgando del cuello para cumplir con el último ritual de despedida y entierro del muerto ilustre, y curiosamente en un suceso inusual, hasta allá, volaron la aves de rapiña, en redondel para acompañar al difunto, encima de la procesión de familiares y amigo hasta el cementerio donde se le

diría el último adiós en medio de un acto doloroso por cuanto que, ni siquiera el doctor Oñoro, “El Mimi” Bustilloni, Plinio Ferreti, el doctor Cuesta y el poeta del pueblo Félix González, lo podían creer, por cuanto que, un hombre bueno en todo el sentido de la palabra, no debía morir como murió: acribillado por las balas asesinas de una cofradía de matones que lo emboscaron como a un perro sarnoso al cruzar el riacho cuelo que daba al barrio de La Popa donde residía con su tropilla de hijos, y más aún, cuando al cruzar con su caballo en andas, lo encendieron a plomo desde diferentes ángulos del riachuelo en que en vez de agua cristalina con diminutas piedritas brillantes, corría sangre, la sangre precisamente del “Mono” Amézquita, ajusticiado de forma miserable y cobarde por el Pichi Queiroz, por Emiro Sanchís y por “El Burro” Tancredo, quienes poseídos por el maligno, vaciaron todas las cargas de sus carabinas hasta bajar de su caballo manchado, al “Mono” Amézquita, que se fue a tierra lleno de plomo como cuando se desploma un edificio en ruinas.

Pero otro hecho que llamó la atención de quienes iban en la procesión camino al camposanto, fue que hasta las fieras del campo, también acompañaron al desaparecido jefe del clan Amézquita, como si tuvieran una necesidad de hacerlo, diciéndole desde sus instintos telepáticos animales:

--¡Aquí, también estamos nosotros!

--¡Ya no más. ¡Malditos! ¡Malditos! Fue el grito suplicante de la nena, una de su hijas menores quien a escuchar el estruendo del plomo, asomó a la ventana que daba a la cañada en donde como hienas hambrientas despedazando sus carnes ensangrentadas, estaban a asesinando a su padre.

--Hijueputas, hienas asesinas, ya no le disparen más, qué… No ven que es un hombre solo, ¡Malvados, pero la pagaran uno por uno, ¡lo juro ante Dios! les dijo con el llanto desgarrado propio de un drama de esta naturaleza en que era asesinado un ser humano que según testimonios recogidos en las clases populares del pueblo, en el vulgo, era una persona honesta, generosa y trabajador que debido a sus buenas acciones dando pan al que lo solicitaba y agua al sediento, se ganó el aprecio y afecto de las personas.

--Como se les ocurrió hacer semejante cosa—dijo el doctor Oñoro, un amigo entrañable del “Mono” Amézquita, mientras que otros también lamentaban de corazón el funesto atentado al occiso, el caso de Plinio Ferreti, amigo de parrandas y rones, y de sancochos de chivo cuando departían en las famosas tertulias que se llevaban a cabo en la gallera de San Jacinto (en el palenque del pueblo) en medio de las encarnizadas peleas de gallos finos de la región costera, en que se hacían grandes apuestas de dinero y en que en muchas ocasiones, los mafiosos de turno apostaban valiosas tierras con ganado a bordo, así como a mujeres bonitas y hasta sus propias vida.

--Nos han matado a un gran hombre, pero ahora lo importante, es no dejar sola a la viuda y a su prole—decía con ojos humedecidos y profundamente afectado por el dolor que atragantaba su garganta.

--Y se sabe a ciencia cierta ¿quiénes son los asesinos? preguntó casi a gritos, otro gran contertulio del muerto, el poeta Félix González, quien quiso culminar sus lamentos con una de sus acostumbradas arengas en los púlpitos de las iglesias de la región cuando se iba de gira cantado sus prosas de amor:

--¡Muerte a los asesinos! ¡Muerte a los asesinos! repetía una y otra vez casi hasta enloquecer sin hallar consuelo en nadie y más aún, cuando era una realidad: habían matado a la ilusión de un pueblo entero, al “Mono” Amézquita, gran expositor y orador brillante que sin haber pisado una universidad, tenía una vasta cultura universal en que no se le quedaba “títere con cabeza” como reza el refrán, por cuanto invocaba el pensamiento de grandes hombres como Miguel De Cervantes Saavedra, Voltaire, Shakespeare, Gabo, Vargas Llosa, Faulkner, Borges, Sartre, Dickens, Galileo Galilei, Gandhi y Neruda hasta llegar al pastor negro de Mississippi: Martin Luther King con su inmortal discurso: “Tengo Un Sueño” que entre otras cosas, le costó la muerte a manos de un francotirador que lo llegó a perseguir como a una mosca, hasta cumplir con el contrato de matarlo a como diera lugar.

Pero lo más increíble y vistoso del ritual de su entierro, es que cuando el ataúd iba rumbo a su última morada, en el centro del cielo azul adornado de nubes viajeras, blancas como copos de nieve, se podía ver una rueda gigante en el infinito, en que iban girando encima del muerto, una verdadera legión de gavilanes, buitres y águilas, que emitían sonidos pintoresco como si estuvieran mandando un mensaje al hombre ultimado a tiros y de hecho, haciéndole compañía hasta tanto no le echaran la última palada de tierra sobre sus despojos mortales, cruelmente despedazados por las balas de los asesinos de la corraleja donde nació todo, después de una tarde de toros bravos, de mucho licor, de mujeres hermosas, de acordeones y de porros entonados por las bandas de músicos de la región.

Finalmente al pueblo llegó, el sargento mayor Antonino Villalobos, (a calmar los ánimos guerreristas que había entre los dolientes del muerto), un curtido hombre acostumbrado a pelear hombro a hombro con el enemigo, pues había combatido en la guerra del Golfo y en Vietnam, lo que le permitía estar por encima del bien y del mal, y a eso llegó: a poner orden y a dar de baja o capturar a los asesinos del “Mono” Amézquita.

Una vez se posesionó como Alcalde Militar, lo primero que hizo fue reunir a las fuerzas vivas de la población para entregar un parte de tranquilidad y para contarles, quién era él:

--Soy el sargento Mayor, Naval, Antonino Villalobos y he venido aquí no solo a capturar a estos asesinos que mataron a un gran hombre, sino, también, a meter a la guandoca, a la cárcel, a todo aquel ciudadano desubicado y grosero, que se orine en las paredes de las casas ajenas y en los postes del fluido eléctrico, así que ya lo saben: conmigo la cosa es con garrote limpio—concluyó y por primera vez desde que llegó a la provincia, se le pudieron ver las muelas y los colmillos recubiertos de oro momposino porque sonrió a placer, lo que aprovecho un ciudadano del común para preguntarle:

--Mi Sargento, entonces usted viene es a darnos palo ¿o qué?

--No señor, vengo a que ustedes nuevamente puedan andar por las calles sin miedo y sin malandros que se les metan de noche al patio de sus casas y se les roben las gallinas para hacer sanchos de borracho. A esos, le va a ir muy mal porque los meteré en una celda y los pondré a pan y agua hasta que canten todo lo que saben--.

Pasaron años y el sargento mayor puso orden en el pueblo y las gentes se veían felices, pero lo malo fue que nunca dio con los asesinos del “Mono” Amézquita a quienes el FBI aún anda tras sus huellas.

 

Sputnik - Un equipo de científicos del Instituto Max Planck de Antropología de Leipzig hizo un revolucionario descubrimiento sobre el lugar de origen del Homo sapiens.

Tradicionalmente se creía que Etiopía era la cuna del ser humano moderno. No obstante, un grupo de arqueólogos encontró fósiles de Homo Sapiens más antiguos en el yacimiento de Jebel Irhoud, en Marruecos, lo que da al traste con la teoría anterior.

Según el estudio realizado por los científicos, la antigüedad de los restos hallados es de 300.000 años, lo que implica que son 100.000 años más viejos que los de cualquier otro hallazgo hecho hasta la fecha.

"Si hubo un Jardín del Edén en África, ese Jardín del Edén era del tamaño de todo el continente", dijo el director del Departamento de evolución humana de Leipzig, Jean-Jacques Hublin, en declaraciones recogidas por la cadena CNN.

Este no es el primer hallazgo que confirma que los Homo sapiens más antiguos surgieron hace más de 300.000 años.

El más reciente fue realizado por un equipo internacional de investigadores de la Universidad de Uppsala (Suecia), de la Universidad de Johannesburgo (Sudáfrica) y de la Universidad de Witwatersrand (Sudáfrica).

En un estudio publicado en la revista Science, los investigadores destacaron que los datos genéticos obtenidos de siete individuos que vivieron en los últimos 2.500 años en Sudáfrica mostraban que el Homo Sapiens surgió antes de lo que se creía anteriormente.

Además, los científicos apoyaron la teoría de que los Homo sapiens aparecieron por primera vez en África y su evolución se produjo de forma simultánea en todo el continente.

Fuente: Sputnik 

Por Maria José de la Tierra

 

ConCuerpos es una corporación sin ánimo de lucro con sede en Bogotá, pionera en el campo de la danza inclusiva en Colombia. Desde el 2007 trabaja en proyectos enfocados en ofrecer escenarios inclusivos y accesibles para la exploración de movimiento de personas con y sin discapacidad.

Es un espacio en donde la diferencia prima por ser  única en todos los cuerpos. ConCuerpos nos invita a la reflexión constante de las capacidades diversas que deben sustentar y dar a conocer la inclusión como un estándar en la sociedad y en cuestionar las dimensiones limitadas que se muestran del cuerpo. ConCuerpos se caracteriza por tener tres áreas de trabajo en sus proyectos: investigativa, artística y pedagógica, lo cual es el valor agregado a esta visión que busca proyectar un cambio de creencias sobre el cuerpo, el movimiento y la capacidad.

 La compañía de danza profesional de ConCuerpos se ha esmerado por ofrecer a la audiencia obras de alta calidad y sensibilidad artística. Giras, festivales y funciones a nivel nacional e internacional son, sin duda, la muestra de que su poderoso mensaje es de gran relevancia en donde se reúne diversos conceptos de belleza. Algo pasa cuando se ve a ConCuerpos en escena, hay un cambio de ideas y conformismos: descubrimos por medio de un cuerpo diverso que la libertad existe donde queramos que exista. Una de las obras más fuertes de la compañía es Nada es Fijo, creada en el 2015 por la coreógrafa invitada Victoria Marks. Esta puesta en escena es la prueba contundente del poder del sujeto diverso en la danza. Aquí, los imaginarios poéticos son la puerta de un lenguaje que cambia, distrae, confunde, viene y va, evolucionando. El recorrido, sensación y mensaje de Nada es Fijo permite al espectador salir y tal vez comprender algo que no había vislumbrado. El  poder del cambio constante tanto interna como externamente se da en el sujeto inimaginable, queriendo mostrar que el poder esta en todos, en cualquiera, en uno. El cuerpo ya no solo es diverso, es también poderoso.

ConCuerpos es un llamado certero al cambio, La Danza respira en todos y todos en nuestra diferencia necesaria somos el poder y la fuerza.

Contacto:

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Por: Abeth Gustavo Kámell

 

Cuento corto 

 

Érase una hermosa mujer, concebida en medio de un gran amor de sus padres, Erlinda Macaya y Justiniano de los Santos Vega, un par de enamorados campesinos, que habían engendrado a una chiquilla que cuando llegó a los 15 años de vida, empezó a mostrar los atributos físicos que Dios y la Pacha Mama le dieron en hora buena, como aconteció con “El Cid Campeador” en su era de conquistador, y como un carisma del Espíritu Santo Paráclito y Consolador, con base en argumentos que no eran propiamente charlatanerías ni mucho menos un ego inflado por la leyenda, sino, que eran hechos reales, fundamentados en unos senos insinuantes y bellos que despertaban el deseo erótico hasta en el más tarado de los hombres, y qué decir de su abdomen plano, sus piernas largas y llenas sin siliconas o rellenos de porquerías contemporáneas de quirófanos baratos y de médicos embaucadores, además de una cintura, de una cadera moldeada desde el vientre de Erlinda, su madre, la vez que la hubo parido en medio de un alumbramiento, de un parto, llevado a cabo en un rancho de bahareque y techo de palma en el monte, iluminado con velas blancas gigantes en plena luna clara y bajo el empirismo y peripecias de una veterana comadrona que escasamente sabía leer y medio escribir su nombre de pila y nada más, culminado su obra maestra, con un rostro angelical con ángulos perfectos, adornado con unos ojos felinos de pantera, que brillaban con luz propia como un lucero espiritual, en las noches oscuras del campo, lo que la hacía ver como lo que realmente era: una despampanante mujer de una voz suave y cautivadora, a quien una tropilla de hombres coquetos y sinvergüenzas, perseguían para conquistar su amor y otra serie de cosas del mundo pecador muy fáciles de deducir.

Muy pronto la hermosa niña emplumó como la serpiente de los aztecas, conquistando corazones ajenos de hombres casados y solteros, creciendo y viviendo adecuadamente su adolescencia llena de admiradores, e igualmente, de mujeres envidiosas que la querían ver jodida, el caso de las Ballesticas, dos mujeres olvidadas por el trasegar de los años sin fin, cuyas lenguas viperinas cada vez que podían la volvían ropa de trabajo cuando se decían entre susurros:

--Bueno ¿y esta niña qué se creé? ¿Mis mundo o qué? y continuaban dándole palo:

--Acaso se olvidó ¿que nació en un rancho de una vereda, ah?

Pero Máxima que paraba el tránsito por donde pasaba, hacía caso omiso al chisme y pasaba por encima de todo ese tipo de cosas, propias de las amarguras que ocasiona la triste soledad de la eterna soltería.

--Me importa un pepino lo que ese par de señoritas quedadas y olvidadas por los hombres digan, así que pa- lante caminante—ella misma se defendía y se daba ánimos con base en lo que ella sabía que tenía: atributos físicos y mucha belleza en plena juventud como las estaciones de la primavera.

El tiempo fue pasando y Máxima se fue abriendo paso en el mundo del arte a través de los bailes populares de su región, aprendiendo a bailar muy bien, porros, cumbias, mepalés y fandangos de la región sabanera de su país, al punto que muy pronto era invitada a presidir las ruedas de gaitas donde era la figura de la noche como sucedió con Bonifacio Alandete, un hombre rico que cuando algo le gustaba, botaba la casa por la ventana como dice el dicho, al punto de localizarla y sonsacarla con ofertas tentadoras como el dinero que Máxima y sus padres necesitaban urgentemente, incluso, para comer y pagar la renta.

--Hola Máxima—le dijo una vez la tuvo enfrente suyo.

¿Qué hay de tu vida mujer hermosa—enseguida la piropeó con su galantería de pueblo, pero sincera.

--Pues, aquí como usted lo puede ver: viviendo lo que mi Dios me ha dado, ¿por qué? entonces a quema ropa lo indagó frente a tanto entusiasmo del gamonal sabanero.

--Pues mi querida dama—le dijo con gran sutileza—empezaré por decirte mi nombre: me llamo José Bonifacio Alandete y estoy para servirte cuando lo desees, así que soy todo oído—terminó su pequeño monólogo, aguardando a que Máxima le dijera algo sobre su vida.

--Mire señor. Usted me parece un hombre atrevido y muy lanzado pero a la vez interesante, por eso se me ocurre preguntarle:

--¿Qué pretende, qué quiere de mí? le disparó de frente y con gran sinceridad pero con respeto, por lo que el hombre rico, debió hablarle así como ella lo hizo: con sinceridad y escuetamente, sin temor a que la pudiera estar embarrando con semejante mujer.

--Mira Máxima, te soy sincero:

--Yo quiero ser tu novio o algo más si así lo lo quieres, o por el contrario: también me podrías mandar al carajo—le dijo dispuesto a salir de su casa “con el rabo entre las piernas”, por la puerta falsa, por la de atrás, o salir triunfador, conquistando lo que más deseaba: su cuerpo, sus ojos felinos y toda su belleza.

--Mire señor hacendado, soy una mujer pobre pero con dignidad, así que váyase con su música a otra parte ¿me entendió? lo paró en seco.

--Pero Máxima, yo sé que tu madre está pasando por una situación económica muy dura y yo podría ser tu solución—aclaró el hombre adinerado ya en últimas.

--Está bien señor Alandete, entonces ¿dígame qué propone usted?

--Pues mira-- dijo su pretendiente.

–Si tu accedes a estar conmigo y a brindarme tus atributos físicos, yo te regalo una muy buena casa amoblada y te entrego la escritura de una vez, ¿qué me contestas?

--Bueno, yo podría aceptar ante tanta gentileza suya, pero es que además de la casa, necesito dinero en efectivo, por lo menos, doscientos millones de pesos ya—fue sincera con él una vez más.

--Lo tendrás, por cuanto te daré ese dinero pero te propongo algo mejor—continuó.

--¿Qué será? preguntó Máxima (la de los ojos felinos), algo intrigada por conocer la respuesta.

--Mira, habrá una rueda de gaitas mañana en la plaza del pueblo, yo soy muy buen disparador de tiro al blanco, te propongo que te pongas una botella de cerveza en la cabeza, que te quedes quieta y yo te la quito de un tiro ¡te lo aseguro!

Así fue, porque Máxima le contó a su madre, que al fin la iba a sacar de pobre, y que además, iban a tener lo que nunca tuvieron: una vivienda con todos los corotos y cachivaches propios de un hogar por humilde que este fuera.

--Bueno Máxima:

--¡Hazlo y que Dios te bendiga hija querida, no sea que ese señor falle al dispararte a la cabeza y te pueda matar!—le dijo algo temerosa pero a la vez feliz por cuanto, por fin el destino iba a ser justicia con ella y con su hogar urgido de dinero y de un techo seguro “como el alero de la paloma” como dice “El Viejo Miguel”, una sentida canción valle nata de Adolfo Pacheco Anillo, el juglar de San Jacinto.

--Así será mamá—dijo Máxima dispuesta a asumir el gran reto de su vida, cual era, jugarse el pellejo y hasta profanar su virginidad con tal de acabar con la miseria económica de su madre, la añorada “vieja Erlinda, como le decía constantemente con amor y heredad.

Al otro día, ya en la plaza del pueblo donde se iba a llevar a cabo la rueda de gaitas y el fandango, Máxima llegó más linda que nunca, mostrando toda la mercancía que tenía sobre su humanidad como patrimonio físico y espiritual, y sin rodeos, entonces decididamente tomó una botella en sus manos del mejor ron de la región, alzó la copa y se tomó tres tragos grandes que la pusieron a volar, e inmediatamente se situó donde debía hacerlo, se puso la botella de cerveza en la cabeza y dijo sin temblarle la voz:

--Señor Alandete estoy lista, ¡dispare usted!

El hombre rico, tomó su pistola, la revisó, se tomó tres tragos grandes de ron, y apuntó, con tan mala suerte que el tiro no lo pegó a la botella que estaba sobre la cabeza de

Máxima, sino en uno de sus ojos felinos y se lo sacó, y como consecuencia, doña Erlinda, su madre, y ella, quedaron ricas, pero la bella mujer perdió lo más preciado que tenía: uno de sus ojos por el cual precisamente, le llamaban: Máxima la fandanguera de los ojos felinos, y ese nefasto suceso por otro lado, fue el causante directo para que a partir de ese momento, el público admirador suyo, empezara a llamarla con algo de sorna:

¡Máxima la tuerta! lo que hirió su amor propio y su ego de mujer hermosa y apetecida por la cofradía de quienes creen ser, los típicos machos cabríos latinos, de pelo en el pecho y remolino en otra parte sensible de sus respectivos cuerpos moldeados en los gimnasios del mundo globalizado.

 

 

 

 

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