Sputnik - El escritor hispano-peruano Mario Vargas Llosa realizó una gira por el centro de Rusia. Durante el viaje, el escritor se encontró con sus lectores en Moscú y en la región de Tula, en donde tocó temas como la literatura rusa, los medios de comunicación y la crisis en la cultura contemporánea.

Mario Vargas Llosa fue galardonado con el premio literario ruso Yásnaya Poliana por su más reciente novela, 'El héroe discreto'. Durante la entrega del reconocimiento, el también Premio Nobel de Literatura se mostró emocionado por volver a visitar la finca Yásnaya Poliana, donde vivió el novelista ruso universal León Tolstói, uno de sus grandes referentes.

"Hace siete años vine a conocer la casa de Tolstói y desde luego fue una experiencia maravillosa. Pero esta vez lo ha sido todavía más, gracias a la belleza que el otoño le da a Yásnaya Poliana".

El premio Yásnaya Poliana es un galardón de literatura que anualmente entrega el Museo León Tolstói. Lleva el nombre de la finca donde vivió el gran escritor ruso. La categoría de mejor obra de literatura extranjera del premio Yásnaya Poliana se creó en 2014 y se otorga a escritores no rusos cuyas obras fueron traducidas a esta lengua.

Sputnik tuvo la oportunidad de hablar con el reconocido novelista.

Entre los lectores de literatura rusa existe una especie de dicotomía entre Tolstói y Dostoievski. ¿A qué 'bando' se uniría usted, o cree que no existe ese dilema? 

La gran ventaja de la literatura sobre el mundo comercial es que en este último, si un producto se impone desplaza a los otros. En el campo de la literatura no es así. Si un libro tiene éxito, crea lectores para otros libros, es por eso que las confrontaciones en el mundo de los libros me parecen inútiles. Es maravilloso que en una misma época convivieran escritores de la grandeza de Tolstói y Dostoievski. Y la gran ventaja para nosotros, los lectores, es que podemos quedarnos con ambos. Los dos son grandes escritores, marcaron profundamente su tiempo y han tenido discípulos en el mundo entero que siguen de alguna manera sus líneas literarias.

Si yo tengo la obligación de escoger, me quedo más con Tolstói, porque el tipo de literatura que yo quisiera escribir, se parece más a la de Tolstói que a la de Dostoievski.

Yo he leído a Dostoievski con una inmensa admiración, con verdadero deslumbramiento y terror, porque yo recuerdo su obra 'Los demonios' —traducida también como 'Los endemoniados' o 'Demonios'—. Es un libro que lo acerca a una especia de locura humana que pocos escritores han sido capaces de describir y que él nunca pintó de manera gozosa. O el discurso del Gran Inquisidor de 'Los hermanos Karamázov'. Es un autor que ha sido capaz de describir con palabras esa sensación de terror, de crueldad, es el infierno encarnado lo que sale de boca del Gran Inquisidor. 

Ahora, yo tengo una preferencia por Tolstói, porque el tipo de novela que a mí me gustaría hacer tiene que ver con ese tipo de novela total que él creó. Cuando uno lee 'Ana Karénina' y sobre todo 'Guerra y paz' encuentra toda una sociedad en marcha, donde aparece tanto lo más elevado del poder —como los palacios maravillosamente descritos, los salones, los bailes, el interior de una clase opulenta, privilegiada— como también el sector más humilde, marginado, los pobres soldados. La historia pasa de los palacios a los campos de batalla. Tolstói es un maravilloso descriptor de lo épico y la acción que hay en las batallas.

El personaje principal de 'Guerra y paz' no es un hombre de acción, ni un poderoso, ni un humilde. Es un héroe discreto. Ese tipo de literatura yo lo siento afín a mi propia idiosincrasia.

Usted ha leído mucho la literatura rusa y, como recientemente confesó, 'El maestro y Margarita' de Mijaíl Bulgákov. ¿Cuándo se leyó usted esta novela, antes o después de escribir 'La tía Julia y el escribidor'? Porque tienen algunos paralelismos.

Leí 'El Maestro y Margarita' a mediados de los años 60, cuando salió en inglés. Fue un libro que tuvo un enorme éxito en EEUU e Inglaterra donde yo vivía en esa época y la verdad me impresionó muchísimo. En primer lugar por la recreación de un mito muy antiguo y, por otra parte, es una novela que mezcla realidad y fantasía de una manera muy parecida al realismo mágico latinoamericano.

He leído mucha literatura rusa en traducciones porque, desgraciadamente, no leo ruso. Pero creo que, sobre todo en el siglo XIX, la narrativa rusa fue una de las más ricas y diversas del mundo, y particularmente para el tipo de novelas que me gustaría a mí. Es la novela que entre comillas llamaría la 'novela total', de gran complejidad, con muchas tramas que se confunden al final en una sola historia. Son novelas que pretenden competir de igual a igual con la realidad, mostrando todo el movimiento y el funcionamiento de una sociedad.

¿Prefiere leer la literatura rusa en inglés o en francés? ¿No está contento con las ediciones en español?

Depende de las traducciones. Hay traducciones al español que son muy buenas, por ejemplo, Dostoievski tiene un gran traductor. Pero a Tolstói lo leí primero en francés porque me dijeron que la traducción de 'Guerra y paz' de Tolstói en esta lengua era una obra maestra como traducción.

Durante su viaje por Rusia ha dado muchísimas entrevistas y en una afirmó que en el mundo actual se está reduciendo cada vez más el espacio del arte elevado y la cultura se está convirtiendo en un entretenimiento. ¿Podría desarrollar esta idea?

Es una de las grandes problemáticas de nuestra época. Por una parte es un tiempo en el que se está llevando a cabo una extraordinaria revolución de los medios de comunicación, algo que tiene un aspecto muy positivo, en el sentido de que hoy día es muy difícil controlar la información. El viejo sueño de todas las dictaduras de controlar la información y hacer llegar al público solo aquello que el poder desea es prácticamente imposible en nuestros días. Eso es, desde luego, muy positivo.

Ahora, para la cultura esto ha significado que, al mismo tiempo que se extendía, se frivolizaba y se volvía cada vez más superficial. Eso ha tenido impacto en todos los campos, pero sobre todo en el campo del arte, donde se ha llegado a una tal libertad que ya es prácticamente imposible saber qué cosa es auténtica o qué es imitación, qué cosa es bella o qué es puro exhibicionismo sin ningún genio, sin ningún talento, sin ningún trabajo artesanal detrás. Todo eso ha traído una gran confusión.

Hay algunos filósofos que consideran que eso es bueno, porque, dicen, al fin tenemos una cultura democrática que llega a todos sin excepción. Pero yo creo que el abaratamiento de la cultura conlleva una gran peligro, porque si la cultura se vuelve puro entretenimiento, pura diversión, también desmoviliza, desarma muchísimo el espíritu crítico que ha sido su gran contribución al desarrollo de la humanidad.

Desde hace poco, los medios de comunicación han estado ganándole cada vez más espacio a la cultura en lo que respecta a los conocimientos sobre el mundo que nos rodea. En su experiencia propia, ¿considera que la imagen sobre Rusia que difunden los medios es fiel a la realidad?

Yo he estado en Rusia muy poco tiempo, de tal manera que no tengo la experiencia suficiente como para dar un juicio de ese tipo. Solo un aspecto sí me gustaría señalar: es la cuarta vez que vengo a Rusia y siempre han sido visitas muy cortas, pero en todas siempre me ha impresionado mucho la vocación por la lectura de los rusos y la cantidad de librerías que hay. Incluso en la época soviética, en tiempos difíciles, las librerías siempre estaban llenas de gente.

Esa es una tradición que quisiera que se mantuviese en el mundo, en el que, por desgracia, los libros están siendo derrotados por las pantallas. Espero que la tradición del libro se mantenga al pie con las pantallas, porque creo que no solo la cultura en sí, sino que también la cultura democrática se empobrecería enormemente si las pantallas derrotan a los libros.

 

Por: Abeth Gustavo Kámel 

 

Cuento Corto

 

La noche estaba más oscura que de costumbre, y el fluido eléctrico colapsó por la reciedumbre de los truenos y la vistosidad de los relámpagos que quemaron el alambrado eléctrico por lo que Agapito Pereira debió llegar a tientas hasta que dio con la puerta principal del castillo de Míster Mugre.

Pum, pum, pum, golpeó afanado el hombre enfermo.

--Pero bueno, ¿quién puede llegar a estas horas a mi casa y más aún: golpeando a la puerta como si le vinieran dando plomo? dijo Míster Mugre, un médico que al no tener dinero para culminar su carrera, debió especializarse en curar dolores abdominales de cualquier origen incluyendo orinaderas y afanes parturientos acompañados de pujo toda la noche y falta de fortaleza en el faro para desahogar calenturas en el catre, de mujeres hermosas y necesitadas de emociones placenteras, con cocimientos de plantas verdes antiespasmódicas, amargas, dulces y diuréticas, lo que muy pronto le originaría muchas simpatías de parte de todos los géneros humanoides, al punto, que le pedían más de lo que él y su sabiduría podía dar:

Pero antes que Agapito Pereira fuera socorrido por Míster Mugre, sucedió lo inesperado por cuanto una elegante mujer se atravesó en el camino y accedió primero a conversar con el misterioso galeno en cierne.

--Mire doctor—le rogaba la bella mujer—por favor haga algo para que mi marido vuelva conmigo—le dijo con rostro de delirio y frases entrecortadas.

--Pero bueno mujer, yo soy médico, no brujo—contestó el médico yerbatero algo extrañado en el sentido que la mujer le dio a significar que era un vulgar yerbatero hablador de mierda, y un brujo que con sus depurativos vegetales, lograba que los muertos hablaran con él, una versión totalmente equivocada por cuanto que, Mister Mugre no era hechicero, vidente o espiritista ni mucho menos preparaba y daba filtros de amor o nada por el estilo.

--Mi querida dama, tenga la bondad de marcharse inmediatamente de mi casa, o me veré en la penosa necesidad de llamar a la policía para que den cuenta de su presencia. Usted señora, ¡está loca de remate!—la reconvino bastante indignado el médico de la provincia.

Una vez se fue la desquiciada hembra, el otro paciente le habló a Míster Mugre:

--Mire doctor, por favor, abra la puerta que estoy muriendo con un maldito dolor que me está reventando las tripas. ¡Abra por amor a Dios!—suplicó el hombre que estaba a punto de sucumbir ante los retorcijones de barriga que lo hacían ver como un hombre abatido por el malvado dolor de tripas .que lo tenía sometido como si estuviera atrapado dentro de su propio organismo.

Míster Mugre no creyó el discurso del hombre enfermo, así que fue a la armería que tenía apostada en el zarzo de la macabra construcción, enseguida cargó su vieja escopeta de cazar tigres, y entonces sí se animó a abrir la puerta de su casa al enfermo, pero eso sí: advirtiendo que de ser mentira lo que estaba diciendo el supuesto paciente, le daría plomo.

--Bueno Agapito o como se llame usted, realmente, voy a abrir la puerta pero sepa, que desde ya, lo estoy apuntando a los huevos porque si lo que quiere es atracarme ¿oyó? lo increpó con voz de sangrón, de regañón.

--Bien pueda Mister Mugre, hágalo si es lo que quiere pero por favor quíteme este maléfico dolor que ni siquiera me deja respirar--.

--Está bien—abrió la puerta de la vieja casona Míster Mugre en medio del desagradable ruido de las vetustas bisagras que permitían abrir y cerrar las pesadas puertas de madera serrana—siga y cuidado hace algo raro porque le descargó los perdigones de mi escopeta—aclaró Míster Mugre y lo dejó ahí tirado como un perro sin su amo.

--Bueno señor Agapito, ahora sí, cuénteme qué le sucede y ¿por qué esa cara de susto?, dijo Mister Mugre.

--Mire doctor algo muy malo me está pasando, porque parece que alguien estuviera metido dentro de mí, haciéndome maldades y atormentándome con un dolor que me quiere reventar las tripas. En dos palabras, doctor, las tripas me gruñen tanto como si me quisieran hablar desde allá dentro y además, vivo con unas permanentes ganas de mear y cuando me dispongo a hacerlo, no sale nada de orina—contó el hombre.

--Mire Agapito, o como se llame, lo que me está contando es como una película de terror porque de verdad, esos síntomas son más parecidos a un maleficio de algún brujo, que le pudo haber mandado un espíritu bien malvado para que lo jodiera y no lo dejara tranquilo, que de una simple enfermedad o mejor: de un simple dolor estomacal, yo veo que su caso es bastante complejo—le aclaró Mister Mugre, que cuando lo estuvo examinando y escuchando los sonidos de sus pulmones, de sus vísceras y de su corazón con el fonendoscopio, experimentó una sensación rara como una fuerza extraña que le llegó por un momento a nublar la vista como si estuviera narcotizado o borracho.

--Doctor, imagínese—prosiguió el desesperado paciente-- que cada vez que estoy haciendo el amor con Bertilda mi mujer, cuando estamos en el mejor momento, saz, se me baja el pájaro y hasta ahí llegó todo por cuanto que, dejo a mitad de camino a mi esposa y eso me mortifica y me avergüenza con ella—narró con pormenores otra parte de su macabra historia referente al drama que estaba viviendo.

--Bien mí apreciado amigo, lo que sucede es que ya usted no tiene fortaleza de macho cabrío y al parecer, su mujer le está pidiendo demasiado y usted no le ha sabido dar lo que ella necesita: un verdadero hombre que la ponga a volar en la cama, pero por otra parte, lo voy a mandar a donde

Toribia del Monte Sacristán, una antigua mujer del siglo pasado que sabe muchas vainas raras, entre otras: sacar espíritus malignos y mandarlos pa la porra. Eso sí, --advirtió el galeno yerbatero—no se asuste cuando la conozca porque de seguro se va a espantar por cuanto tiene una cara de bruja que no puede con ella, pero usted disimule y haga lo que le diga y verá que ese espíritu de enfermedad que le pusieron, sale a volar. Vaya con Dios y después me busca y me dice qué pasó con esta bruja—le recomendó y de paso lo despidió.

El preocupado hombre fue y se presentó ante Toribia, la bruja del pueblo que tenía fama de ser el verdugo de los espíritus malos, y ella ni corta ni perezosa, lo exorcizó y como dijo el doctor Mugre: mandó a volar a la legión de espíritus malignos que le habían legado, e inmediatamente el hombre empezó a cambiar, sin embargo la bruja le dijo que volviera a consulta con Mister Mugre para que lo terminara de sanar de la miadera que no era de hechicería, sino de otra cosa, y así lo hizo Agapito Pereira: fue y se presentó, contó lo acontecido y la manera como Toribia, la bruja del pueblo lo ayudó. Ante esa situación Mister Mugre le dijo:

-Bueno entonces vamos a empezar el tratamiento conmigo— e inmediatamente empezó a poner en orden el instrumental médico de su consultorio medieval que parecía una mazmorra.

--Póngase en posición y respire profundo--, le ordenó.

Míster Mugre en consecuencia, procedió a hacer lo que debía hacer: un tacto rectal para saber si era la próstata la que tenía sometido al paciente. Finalmente terminó de palpar y una vez terminó, enteró al hombre acerca de lo que encontró cuando introdujo uno de sus dedos rechonchos de la mano derecha, en el ano del atormentado hombre.

--¡Hay que operar! dijo el médico yerbatero y prosiguió:

--Su próstata está hecha una desgracia, así que vamos a ver qué hacemos para que usted se sane y pueda recuperar los afectos nocturnos de su esposa, ¿le parece?

--Claro que si doctor, hágale—le dijo el hombre desesperado.

Mister Mugre echó mano de sus profundos conocimientos de las plantas para revivir muertos y después de muchos cocimientos de raíces, de hojas verdes y de huevos de toro bravo, logró finalmente aliviar los males que aquejaban a Agapito Pereira sin que tuvieran que operarlo, quien pudo hacer feliz a Bertilda su exigente esposa, que no cabía de la felicidad cuando le contó en confidencia a una amiga suya:

--Mi marido sufrió un cambio y ahora parece un toro bravo en la cama y todo se lo debemos a Míster Mugre y a Toribia, la bruja del pueblo.

Al médico Yerbatero le decían Mister Mugre, debido a que vestía muy mal y porque siempre andaba desgreñado y bastante descuidado en lo personal por cuanto sus uñas siempre las tenía llenas de mugre, no se afeitaba y usaba (una capa grande), un ropón negro y largo como Drácula.

Finalmente Bertilda, la esposa de Agapito Pereira, hizo una última reflexión acerca del cambio de su marido y del médico yerbatero:

--De todas maneras, así mugroso y todo, el doctor Mugre le arregló la vida a mi esposo que ahora no me deja descansar. No sé qué le hizo, pero algo raro le hizo y logró despertarle el animal que tenía dormido--, acotó la feliz mujer que empezó a vivir días de gloria junto a Agapito Pereira.

 

 

 

Seamos sinceros: si no fuera por Groucho sólo unos pocos cinéfilos recordaríamos las películas de los hermanos Marx. A cuarenta años de su muerte, Groucho trasciende menos por sus filmes que por esas frases suyas cargadas de ingenio que jamás envejecerán.

¿De que sirve el ingenio cuando no nos divierte? No hay nada más fatigoso que un ingenio triste. Iván Turguéniev

"Su desvergonzado desprecio por el orden establecido, basado en una falta absoluta de sentimentalismo, hará tanta gracia dentro de mil años como lo hizo entonces", dijo alguna vez Woody Allen sobre Groucho y tiene razón.

Las películas de los hermanos Marx —Groucho, Chico, Harpo, y en ocasiones Zeppo—, que constituyen casi un 'género' cinematográfico, puede que resientan el paso del tiempo si nos detenemos en las bufonadas mudas de Harpo y los lucimientos musicales de Chico, pero el humor corrosivo y subversivo de los Marx, esa convivencia única e irreverente de anarquía y absurdo —cuya mejor ilustración es la famosa escena del camarote de la película 'Una noche en la ópera' (1935)—, sobrevivirá junto a las agudezas verbales de Groucho que parecen refractarias a las traducciones aproximadas y el acento esquivo de los doblajes.

Si la mudez de Harpo recuperó la estética de la comedia silente en las películas de los hermanos Marx, Groucho le dio al recién estrenado cine sonoro una razón de ser con sus exaltados desplantes verbales en donde ponía al mundo patas arriba al perturbar toda lógica. "¡Si nos encuentran estamos perdidos! // ¿Cómo vamos a estar perdidos si nos encuentran?" se escucha en la delirante 'Sopa de ganso' (1933). No es de extrañar entonces que la frase "Soy marxista de la tendencia Groucho" fuera una de las pintadas de las revueltas estudiantiles del mayo francés de 1968, una declaración de principios con la que aquellos jóvenes descontentos y deslenguados que querían cambiar el mundo de una vez se quitaban de arriba la presión de la ortodoxia ideológica de una izquierda anquilosada.

Como Chaplin, cuya 'imago' se puede abreviar a bigote y bombín, a Groucho lo revelan sus gafas redondas y el bigote y las cejas pobladas; sin olvidar, por supuesto, su eterno puro, protagonista de uno de sus mejores lances de ingenio: "Quiero mucho a mi marido", le dijo alguna vez una madre de once hijos para explicar su fertilidad.

"Señora, a mí me gusta mucho mi puro, pero de vez en cuando me lo saco de la boca", objetó el comediante. Groucho, que conoció a Charles Chaplin cuando éste apenas si comenzaba a triunfar en la pantalla grande, reconoció en sus memorias ('Groucho y yo') que el inglés fue "el actor cómico más grande que el cine o cualquier otro medio artístico haya producido jamás", lo cual no es un elogio menor proviniendo de un artista al que no pocos le rinden parejo tributo.

El judío y el antisemita

En Groucho, la máscara íntima y a la vez extrínseca que suponen las gafas, el bigote y las cejas, borró por completo a Julius Henry Marx, que tal era el verdadero nombre de quien confesara en cierta ocasión que si bien disfrutaba como actor las carcajadas y los aplausos del público su "mayor afición" había sido siempre el dar a la imprenta algo escrito por él. Esta inclinación por las letras quizás explique por qué cuando a inicios de 1961, en una carta remitida desde Londres, el poeta T.S. Eliot le pidió una fotografía con dedicatoria, Groucho se la enviara sin preguntar razones. En una carta posterior, Eliot le agradeció el envío, pero le solicitó una nueva foto en la que estuviera "caracterizado como en las películas". A partir de ahí se establecería una curiosa relación epistolar entre un judío sagaz y un antisemita embozado en la que el ingenio caótico de Groucho resquebrajaría la mesura y circunspección del autor de 'La tierra baldía'. "Los periódicos publicaron su fotografía y dijeron que, entre otros motivos, venía usted a Londres para verme. Esto aumentó considerablemente mi prestigio en el barrio, de manera especial en la verdulería de la esquina", reconoce jovial Eliot en una de sus cartas al histrión antes de un encuentro dilatado durante dos años que finalmente tuvo lugar en 1964 y cuya demora explica Groucho por la misma vía:

"Mi enfermedad, que hace tres meses mis tres médicos describían como leve, ha ocupado velozmente todo mi organismo. Me apena decir que los tres médicos tienen cierto interés en su bienestar económico. Por esta razón, y hasta el momento, me han sacado ocho mil dólares".

Julius Henry Marx nació en Nueva York, el 2 de octubre de 1890; Groucho falleció en Los Ángeles el 19 de agosto de 1977. Entre ambas fechas se las ingenió para prodigar su divertido ingenio en una veintena de películas, un par de programas de radio, un concurso televisivo del que fue anfitrión y ganar un Oscar honorífico (1974). Su anarquismo —"sea lo que sea, estoy en contra"— y el frecuentar amistades sospechosas de "actividades antinorteamericanas" despertó la suspicacia del FBI que lo investigó desde los años cincuenta hasta principio de los sesenta. Desafortunadamente, una neumonía intratable truncó su intención de "vivir para siempre o morir en el intento" y le impidió además cumplir la exhortación de una admiradora de mediana edad que se lo encontró en una calle de Chicago y le pidió tímidamente:

Fuente -Sputnik 

 

La Filmoteca de Cantabria acoge la exposición 'Buñuel, poeta del cine mexicano', que incluye 60 fotografías inéditas en España sobre la estancia y los rodajes de Luis Buñuel en el país latinoamericano, informa Notimex.

La exposición, comisariada por Javier Espada, fue inaugurada en el marco de la Semana Internacional de Cine de Santander, en el norte español, codirigida por Nacho Carballo y Álvaro Longoria y en la que participó activamente el Festival Internacional de Cine de Guadalajara.

El evento, que también se realizó en el recién inaugurado Centro Botín, reunió la semana pasada destacados nombres del séptimo arte como Jim Sheridan, Álvaro Brechner, Luis Salazar, los mexicanos Iván Trujillo, Raúl Padilla, Celso García y Rodolfo Guzmán, Esteban Crespo, Santiago Zannou o Carlos Saura, entre otros.

En entrevista con Notimex, el cineasta Javier Espada destacó el surgimiento de este nuevo festival de cine, apadrinado de alguna manera por Buñuel, a través de esta muestra, y por Saura, quien también inauguró en la Filmoteca de Cantabria su exposición 'Fotosaurio'.

Sobre la muestra 'Buñuel, poeta del cine mexicano', anotó que "es una ventana sobre el cine que rodó Luis Buñuel en México y que constituye una gran parte de su trayectoria, porque estamos hablando que la integran fotos de 21 películas, tres por cada una de las 20 producidas o coproducidas por el cineasta en ese país, y Viridiana".

"Hay escenas de estas películas, también nos muestran a Buñuel dirigiendo, así como ese trabajo que hacía el cineasta para crear, para inventar, en un cine que más allá de las limitaciones y de lo alimenticio, nos ofrece obras de arte maravillosas y películas que siguen siendo vigentes", anotó.

Son películas, insistió, que están abiertas a la mirada de los directores de cine actuales, "porque podemos seguir aprendiendo mucho de Buñuel".

De entre las fotografías que integran la exposición, Espada subrayó que 'Los olvidados' es una de las películas más importantes de Buñuel, es como una especie de continuación de 'Las Hurdes'.

La exposición 'Buñuel, poeta del cine mexicano' en Cantabria

"Es una película que no solo quiere contar una historia, y que los protagonistas sean pobres, como hacía el neorrealismo italiano, sino que además, denuncia una injusticia y crea un nuevo género cinematográfico", aseguró.

"Yo creo que es una de las películas más importantes de toda la filmografía de Luis Buñuel y que aquí podemos ver unos fotograbas, pero también pienso que el cine de Buñuel en México es cada vez más valorado, y son muchas las películas que se podrían destacar", añadió.

Hizo hincapié que son películas que nos transmiten esa magia creativa de Buñuel y sobre todo esa capacidad de crear imágenes con "una poética muy fuerte, brutal, cruel, muy intensa, que tiene ese cine de Buñuel y que sigue perturbando y estimulando".

Espada indicó que constantemente surgen nuevos festivales de cine, pero tanto México en general como la figura de Buñuel están constantemente presentes.

"Buñuel sigue estando vigente, pero además es un director que tiende puentes, que es algo muy bonito, está entre América y Europa, con ese surrealismo que nunca abandonó del todo, y con la capacidad de seguir estimulando a cualquier cineasta actual", concluyó.

Fuente: Sputnik 

 

El Muelon” y el “Matasanos”, fueron los film que lo lanzaron al estrellato, después de haber compartido la comedia con Deen Martín, Frank Sinatra y Samy Davis Junior. De el diría Frank Sinatra, “En el set Jerry era arrollador”.

Lewis, alcanzó el estrellato en el mundo del cine, primero con Dean Martin y más tarde con  "El Errand Boy." A ambos lados de la cámara, Lewis era un innovador así como hilarante. Probablemente preferiría ser etiquetado para  las películas que escribió, dirigió, produjo y protagonizó, pero "El rey de la comedia" era su mayor etiqueta y así lo hizo saber durante su larga vida como comediante. 

Era un hombre show, bastaba solo con ver a sus personajes para desternillarse de la risa. El show Johnny Carson, le permitió dispararse y convertirse en una luminaria que despertaba todas las simpatías a donde fuera. Tan brillante eran sus interpretaciones que a menudo solía realizar papeles de personajes que eran adorablemente torpes y dulcemente inocentes.

Incluso cuando Lewis creó el amor apasionado Buddy en su obra maestra cómica, 1963 "El profesor de nuez", Buddy fue el yin y el yang que logró ganar el corazón de Stella Stevens en el carrete final.

Lewis comenzó en 1926 en el vodebil antes de pasar a la radio, al cine y a la Television. Pero mientras que su trabajo ha sido a menudo caricaturizada a las audiencias modernas como un individuo que grita, "LAYDEE!", para  “Los franceses eran Lewis era un verdadero genio.

Para ver sus primeras películas como "The Bellboy" y "The Errand Boy" - su primer y tercer trabajo de dirección - era como ver la repetición de grandes comediantes como Chaplin, Keaton y Lloyd, en un mismo personaje.

A lo largo de su carrera, Lewis creó una innovación tras otra y a medida que se hacía demasiado viejo para interpretar sus personajes, nunca dejo de crear para sus auditorios a los que se entregaba y con los que convirtió la comedia en una clase de vida. "The Jerry Lewis Show" transmitido por la enABC por más de una década le sirvió de trampolín a sus películas donde sus personajes llevaban a reír al punto de alcanzar la histeria.

Lewis también se convirtió en legendario por sus esfuerzos filantrópicos, particularmente el Jerry Lewis Teletón anual, que recaudó dinero para la Asociación de Distrofia Muscular. Los teletones mismos estaban llenos de estrellas y, a menudo smarmy asuntos, pero para una generación de fans, que eran una marca única de kitsch TV. (También recaudaron millones de dólares cada año por una buena causa.)

Sus escenas inolvidables de la película, Never-Liberated Nazi Clown, 'The Day the Clown Cried', permanecerán en el recuerdo el cine de Hollywood que bajo las cámaras lo recibió siendo un joven delgado que parecía pasar desapercibido, que con sus gestos y su polifacéticas actuaciones se convirtió en uno de los inmortales de la comedia y del cine al que le deja una extraordinaria herencia.

Fuente: Resumen de agencias y The Wrap  

 

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