Por : Abeth Gustavo Kámell

Cuento corto

--Yo era apenas un jovenzuelo imberbe que creí tenerlo todo en mi casa, --en mi hogar--, al lado de mis dos viejos y bajo su protectora compañía paternal, pero que va: no era así por cuanto la vida empezó a girar como un remolino de adversidades con el paso de los primeros años de mi vida, en que mi madre tenía que pasar largas noche cociendo ropas ajenas para darme de comer, en una ancestral máquina de coser manual que había que darle pedal para que las costuras quedaran bien hechas, estéticas, colgando sobre un dispositivo de la misma, un gigante carruzo de hilo que se iba desmadejando en la medida que la pobre vieja afirmaba sus pies en los pedales del vetusto aparato.

En cuanto a lo que tenía que ver conmigo, vivía a pocos metros de la playa que daba a la mar en que fui criado en medio del sopor del trópico, e igualmente en medio de penurias de toda índole y de la brisa loca que parecía silbar, cantar y hasta en ocasiones llorar, y que formaba remolinos de arena en mis alrededores como un hongo gigante de ilusiones que alborotaban mis cabellos negros, lisos y abundantes que tenía como heredad, atiborrándolos de arenilla mezclada con diminutas piedritas doradas que parecían oro, sacadas del fondo del mar, lo que era usual por estas tierras en que vivía y en que aprovechando el furor y el entusiasmo del viento, volaba barriletes de colores profundos y encendidos como El Sol, hasta que alguna vez, tuve una especie de premonición que cambió el mapa de la historia de mi vida para siempre.

Todo empezó en la playa una mañana de primavera, cuando escuché una dulce voz que me seducía por su delicadeza y ternura para llamarme por mi nombre bautismal.

--Hola Pedrito—me dijo—quisiera que pudiéramos ser unos buenos amigos si te parece.

En medio de un asombro que en vez de erizar mi piel y dejarme mudo por un buen rato, lo que hizo fue hacerme sentir muy feliz, por cuanto que, tuve el valor de contestarle a la voz que percibí como la de una delicada mujer:

--Bueno, acepto—dije a secas, e inmediatamente silencié mi voz tímidamente bajando la cabeza hasta tocar el pecho en señal de sutileza y respeto por alguien a quien no conocía y que se atrevió a pronunciar mi nombre pero con un algo en que iba inmerso una alta dosis de amor y cariño que experimenté desde los pies hasta la cabeza, hasta el último pelo de mi cráneo.

--Y yo ¿con quién hablo por favor? proseguí.

--Con la lluvia —contestó y continuó seguidamente— con la señora lluvia que ha venido desde el cielo a hablar contigo— aclaró con una delicadeza sin igual que estremeció todo mi ser.

--Bueno y ¿en qué consistirá nuestra amistad y más aún cuando usted dice ser una señora mientras que yo soy tan solo un pelao de escasos 15 años de edad?—le hice saber en términos muy amables y respetuosos no obstante, aun estar impactado por lo que estaba viviendo que no era propiamente un detalle menor ni mucho menos una parodia o un acto de ficción, sino un hecho tangible, verdadero, de carne y hueso.

--Mira Pedrito, desde que estabas formándote en el vientre de tu madre te conocía, por cuanto Dios me dio el privilegio de seguirte de cerca, a partir del inicio de tu vida hasta nuestros tiempos en que ya eres un hombrecito con un gran corazón—le aclaró la mujer en tanto que todavía no le decía su nombre, viniere de donde viniere, del reino del Creador, de otra galaxia o de otra dimensión.

El joven a quien Dios permitió que fuera escogido por la señora lluvia y bajo su égida, para que sirviera de puente entre una deidad del cielo y los seres humanos, no estaba muy a gusto con el diálogo entre los dos porque analizaba que cuando él quería conocer el nombre de pila de la mujer, ella le cambiaba el libreto en el sentido de eludir esa situación por lo que en un acto de desesperación y curiosidad, tomó la determinación de preguntarle sin aspavientos:

--Mire señora lluvia, mi percepción, muy a pesar que apenas sea un jovencito sin grandes experiencias vividas dentro de mi adolescencia, me indica que usted puede ser la enviada de Dios, pero eso nada tiene que ver con que usted me diga sin rodeos cuál es su nombre, lo que me está llenando dudas-- se despachó el muchacho que del susto que se llevó cuando empezó a escuchar la voz del más allá que había citado su nombre, le provocó huir, corriendo despavorido como un caballo sin amansar y sin el bozal, y meterse en el primer hueco que encontrara, o dentro de las espumosas olas que mientras que transcurría la conversación entre los dos, iban y venían como si estuvieran sirviendo de marco para el gran encuentro entre la especial mujer y el pelao, hijo de Roquelina Isabel, una hermosa india morena de cabellos largos, tejedora de hamacas en un telar de tablas y latas de corozo, que se ganaba la vida vendiendo sus productos a los turistas en la playa, para dar de comer a su hijo Pedrito.

--Está muy bien Pedrito, sé que eres un muchacho especial que no escondes nada y dices de frente y sin misterio lo que sientes como acabas de hacerlo conmigo, y precisamente debido a esa actitud sincera, te voy a complacer revelándote el secreto:

¡Soy la Virgen María!

--María tú—dijo con un dejo de duda y a la vez de admiración.

--¡Sí, como lo oyes!

¡Soy la Virgen María! ratificó la mujer, una verdadera deidad ante los ojos de Dios y de su hijo Jesús a quien había dado a luz en un establo de Belén de Judea, como dicen Los Evangelios Hebreos.

--Perdone usted señora mía, porque creo que la he irrespetado al dudar de su procedencia y de su nombre, perdóneme por favor en nombre de todos los niños del mundo—le dijo, e inmediatamente se arrodilló delante de ella en señal de reverencia y devoción.

--Pero bueno Pedrito, ponte de pie y sigamos nuestra conversación porque si no lo sabías, te cuento que en estos precisos instantes, Dios tiene sus ojos omnipotentes puestos sobre ti—le hizo otra revelación a lo que el bendecido joven dijo:

--Por favor virgencita linda, ya que usted me escogió, dígame con sinceridad, ¿qué quiere de mí?

--Solo, que digas al mundo lo que acaba de suceder y que ingreses al seminario para que cuando ya seas un monje ordenado por la ley de Dios, sirvas con denuedo y amor a la humanidad, que impongas tus manos que desde este momento son benditas, a los enfermos para que sean sanados del cuerpo y del alma, y para que invites a quienes roban desde altos cargos al pueblo, a que no lo hagan más, y para que quienes matan por dinero se conviertan al evangelio de Dios. Tu misión, será llevar la palabra del Creador hasta los últimos rincones del planeta y a la vez expulses demonios y combatas a los brujos, a los hechiceros y a los agoreros—aclaró la madre de Jesús.

--Virgencita otro favor: por lo que más quiera, ayude a mi madre que es una mujer muy pobre, al punto que en ocasiones no tenemos nada que comer—suplicó nuevamente de rodillas en la playa, en que se desarrollaba el acto piadoso y la gran revelación como la que vivió Pablo cuando yendo camino a Damasco, El Hijo de Dios le habló en medio de un gran resplandor.

La Virgen María, bendijo nuevamente a Pedrito, y lo invitó a que fuera por el mundo a sanar enfermos y predicar la verdad, mientras que desaparecía en medio del rumor de las olas que parecían hablar con ella y con Pedrito mientras que se producía la gran revelación.

 

 

 

Sputnik - El 18 de octubre se cumplieron 150 años desde que la bandera estadounidense se izó por primera vez sobre Alaska, después de que el Imperio ruso vendiera la región a EEUU. Desde entonces, cada 18 de octubre se celebra el día de Alaska.

Para saber por qué el zar se deshizo de aquellas tierras hay que entender que en aquel entonces ni el Gobierno ruso ni los habitantes de Alaska sabían que la región era rica en oro y petróleo. Además, en el siglo XIX el 'oro negro' no era un bien tan preciado como actualmente. 

Alaska estaba a tres largos meses de distancia por ruta marítima de San Petersburgo, la capital de Rusia en aquellos momentos. El Gobierno, además, no tenía un control real y efectivo sobre el territorio. Es más, en un país donde los viajes se medían en semanas y meses, hubo que esperar a la llegada de la URSS para que la zona del Lejano Oriente ruso —en la parte asiática de Rusia— empezara a desarrollarse como era debido. 

Desde el punto de vista histórico, a principios de los años 60 del siglo XIX Rusia se enfrentaba a una crisis por la derrota en la guerra de Crimea (1853-1856), un conflicto que enfrentó al Imperio ruso y a la alianza del Imperio otomano, Francia, el Reino Unido y el reino de Cerdeña.

La derrota en aquella guerra puso al descubierto los problemas del sistema político y económico del país eslavo, que tenía cosas más importantes en las que ocuparse que en la gestión de aquel territorio inhóspito y lejano. 

Para entender la transacción también hay que tener en cuenta dos acuerdos, el Tratado de Aigún (1858) y la Convención de Pekín (1860) firmados poco antes de la venta de Alaska. Según estos documentos, San Petersburgo iba a pasar a controlar vastos territorios en el Lejano Oriente. Estas tierras también requerían de un intenso desarrollo e inversiones y fue precisamente entonces cuando los rusos fundaron la ciudad portuaria de Vladivostok. 

El promotor de la idea de vender Alaska fue Nikolái Mouraviov-Amurski, gobernador general de Siberia Oriental, que defendía que "el que mucho abarca, poco aprieta". 

En aquel momento crucial para Rusia, el país tenía que decidir si 'echaba raíces' en los ricos territorios del Lejano Oriente o si seguía aferrándose a una región todavía más inaccesible para la época como era Alaska.

El Gobierno ruso era perfectamente consciente de que si los británicos o los estadounidenses trataban de conquistar las tierras rusas de Alaska sería muy difícil hacerles frente y enviar tropas y víveres. Las infraestructuras eran muy deficientes y la venta parecía la mejor opción.

Las autoridades rusas invirtieron el dinero conseguido en mejorar la red ferroviaria del país, que justo empezaba a construirse en aquel entonces.

Además, gracias a esta decisión, se desarrolló el Lejano Oriente ruso, se mejoraron las infraestructuras y se implementaron las reformas introducidas por Alejandro II, que aseguraron el crecimiento económico del país. Estos cambios ayudaron a que Rusia volviera a recuperar su posición en la arena internacional y le permitieron sobreponerse al descrédito de la derrota en Crimea. 

150 años después, ¿crees que Alaska podría volver a manos de Rusia?

Fuente: Sputnik

 

 

Sputnik - El escritor hispano-peruano Mario Vargas Llosa realizó una gira por el centro de Rusia. Durante el viaje, el escritor se encontró con sus lectores en Moscú y en la región de Tula, en donde tocó temas como la literatura rusa, los medios de comunicación y la crisis en la cultura contemporánea.

Mario Vargas Llosa fue galardonado con el premio literario ruso Yásnaya Poliana por su más reciente novela, 'El héroe discreto'. Durante la entrega del reconocimiento, el también Premio Nobel de Literatura se mostró emocionado por volver a visitar la finca Yásnaya Poliana, donde vivió el novelista ruso universal León Tolstói, uno de sus grandes referentes.

"Hace siete años vine a conocer la casa de Tolstói y desde luego fue una experiencia maravillosa. Pero esta vez lo ha sido todavía más, gracias a la belleza que el otoño le da a Yásnaya Poliana".

El premio Yásnaya Poliana es un galardón de literatura que anualmente entrega el Museo León Tolstói. Lleva el nombre de la finca donde vivió el gran escritor ruso. La categoría de mejor obra de literatura extranjera del premio Yásnaya Poliana se creó en 2014 y se otorga a escritores no rusos cuyas obras fueron traducidas a esta lengua.

Sputnik tuvo la oportunidad de hablar con el reconocido novelista.

Entre los lectores de literatura rusa existe una especie de dicotomía entre Tolstói y Dostoievski. ¿A qué 'bando' se uniría usted, o cree que no existe ese dilema? 

La gran ventaja de la literatura sobre el mundo comercial es que en este último, si un producto se impone desplaza a los otros. En el campo de la literatura no es así. Si un libro tiene éxito, crea lectores para otros libros, es por eso que las confrontaciones en el mundo de los libros me parecen inútiles. Es maravilloso que en una misma época convivieran escritores de la grandeza de Tolstói y Dostoievski. Y la gran ventaja para nosotros, los lectores, es que podemos quedarnos con ambos. Los dos son grandes escritores, marcaron profundamente su tiempo y han tenido discípulos en el mundo entero que siguen de alguna manera sus líneas literarias.

Si yo tengo la obligación de escoger, me quedo más con Tolstói, porque el tipo de literatura que yo quisiera escribir, se parece más a la de Tolstói que a la de Dostoievski.

Yo he leído a Dostoievski con una inmensa admiración, con verdadero deslumbramiento y terror, porque yo recuerdo su obra 'Los demonios' —traducida también como 'Los endemoniados' o 'Demonios'—. Es un libro que lo acerca a una especia de locura humana que pocos escritores han sido capaces de describir y que él nunca pintó de manera gozosa. O el discurso del Gran Inquisidor de 'Los hermanos Karamázov'. Es un autor que ha sido capaz de describir con palabras esa sensación de terror, de crueldad, es el infierno encarnado lo que sale de boca del Gran Inquisidor. 

Ahora, yo tengo una preferencia por Tolstói, porque el tipo de novela que a mí me gustaría hacer tiene que ver con ese tipo de novela total que él creó. Cuando uno lee 'Ana Karénina' y sobre todo 'Guerra y paz' encuentra toda una sociedad en marcha, donde aparece tanto lo más elevado del poder —como los palacios maravillosamente descritos, los salones, los bailes, el interior de una clase opulenta, privilegiada— como también el sector más humilde, marginado, los pobres soldados. La historia pasa de los palacios a los campos de batalla. Tolstói es un maravilloso descriptor de lo épico y la acción que hay en las batallas.

El personaje principal de 'Guerra y paz' no es un hombre de acción, ni un poderoso, ni un humilde. Es un héroe discreto. Ese tipo de literatura yo lo siento afín a mi propia idiosincrasia.

Usted ha leído mucho la literatura rusa y, como recientemente confesó, 'El maestro y Margarita' de Mijaíl Bulgákov. ¿Cuándo se leyó usted esta novela, antes o después de escribir 'La tía Julia y el escribidor'? Porque tienen algunos paralelismos.

Leí 'El Maestro y Margarita' a mediados de los años 60, cuando salió en inglés. Fue un libro que tuvo un enorme éxito en EEUU e Inglaterra donde yo vivía en esa época y la verdad me impresionó muchísimo. En primer lugar por la recreación de un mito muy antiguo y, por otra parte, es una novela que mezcla realidad y fantasía de una manera muy parecida al realismo mágico latinoamericano.

He leído mucha literatura rusa en traducciones porque, desgraciadamente, no leo ruso. Pero creo que, sobre todo en el siglo XIX, la narrativa rusa fue una de las más ricas y diversas del mundo, y particularmente para el tipo de novelas que me gustaría a mí. Es la novela que entre comillas llamaría la 'novela total', de gran complejidad, con muchas tramas que se confunden al final en una sola historia. Son novelas que pretenden competir de igual a igual con la realidad, mostrando todo el movimiento y el funcionamiento de una sociedad.

¿Prefiere leer la literatura rusa en inglés o en francés? ¿No está contento con las ediciones en español?

Depende de las traducciones. Hay traducciones al español que son muy buenas, por ejemplo, Dostoievski tiene un gran traductor. Pero a Tolstói lo leí primero en francés porque me dijeron que la traducción de 'Guerra y paz' de Tolstói en esta lengua era una obra maestra como traducción.

Durante su viaje por Rusia ha dado muchísimas entrevistas y en una afirmó que en el mundo actual se está reduciendo cada vez más el espacio del arte elevado y la cultura se está convirtiendo en un entretenimiento. ¿Podría desarrollar esta idea?

Es una de las grandes problemáticas de nuestra época. Por una parte es un tiempo en el que se está llevando a cabo una extraordinaria revolución de los medios de comunicación, algo que tiene un aspecto muy positivo, en el sentido de que hoy día es muy difícil controlar la información. El viejo sueño de todas las dictaduras de controlar la información y hacer llegar al público solo aquello que el poder desea es prácticamente imposible en nuestros días. Eso es, desde luego, muy positivo.

Ahora, para la cultura esto ha significado que, al mismo tiempo que se extendía, se frivolizaba y se volvía cada vez más superficial. Eso ha tenido impacto en todos los campos, pero sobre todo en el campo del arte, donde se ha llegado a una tal libertad que ya es prácticamente imposible saber qué cosa es auténtica o qué es imitación, qué cosa es bella o qué es puro exhibicionismo sin ningún genio, sin ningún talento, sin ningún trabajo artesanal detrás. Todo eso ha traído una gran confusión.

Hay algunos filósofos que consideran que eso es bueno, porque, dicen, al fin tenemos una cultura democrática que llega a todos sin excepción. Pero yo creo que el abaratamiento de la cultura conlleva una gran peligro, porque si la cultura se vuelve puro entretenimiento, pura diversión, también desmoviliza, desarma muchísimo el espíritu crítico que ha sido su gran contribución al desarrollo de la humanidad.

Desde hace poco, los medios de comunicación han estado ganándole cada vez más espacio a la cultura en lo que respecta a los conocimientos sobre el mundo que nos rodea. En su experiencia propia, ¿considera que la imagen sobre Rusia que difunden los medios es fiel a la realidad?

Yo he estado en Rusia muy poco tiempo, de tal manera que no tengo la experiencia suficiente como para dar un juicio de ese tipo. Solo un aspecto sí me gustaría señalar: es la cuarta vez que vengo a Rusia y siempre han sido visitas muy cortas, pero en todas siempre me ha impresionado mucho la vocación por la lectura de los rusos y la cantidad de librerías que hay. Incluso en la época soviética, en tiempos difíciles, las librerías siempre estaban llenas de gente.

Esa es una tradición que quisiera que se mantuviese en el mundo, en el que, por desgracia, los libros están siendo derrotados por las pantallas. Espero que la tradición del libro se mantenga al pie con las pantallas, porque creo que no solo la cultura en sí, sino que también la cultura democrática se empobrecería enormemente si las pantallas derrotan a los libros.

 

El representante a la Cámara por la Guajira, Antenor Durán Carrillo, acudió como todas las personalidades de Riohacha, al salón de eventos Yotojoro en la capital guajira, para participar en el lanzamiento de “Airampo”, la novela del periodista y escritor, Luis López Suarez.

Durán acompañó a Luis López, reconocido en todo el Caribe como  “Lucho Maquinita”, en la presentación de una obra que narra la guerra entre dos familias indígenas, originada por la pérdida del honor de una majayura o joven wayuu. Las familias confrontadas escogen el lugar para realizar la disputa y a ese lugar el autor decide denominarlo “Airampo”.

Desde ese escenario se desprenden los más insólitos relatos en torno al amor de Demetrio y Marunka que se desarrollan entre el desierto, las rancherías e involucran decenas de costumbres guajiras.

De acuerdo con los expertos “Airampo” de Luis López Suárez, es una narración mágica que enmarca y da a conocer el inmenso universo guajiro.

Por: Abeth Gustavo Kámel 

 

Cuento Corto

 

La noche estaba más oscura que de costumbre, y el fluido eléctrico colapsó por la reciedumbre de los truenos y la vistosidad de los relámpagos que quemaron el alambrado eléctrico por lo que Agapito Pereira debió llegar a tientas hasta que dio con la puerta principal del castillo de Míster Mugre.

Pum, pum, pum, golpeó afanado el hombre enfermo.

--Pero bueno, ¿quién puede llegar a estas horas a mi casa y más aún: golpeando a la puerta como si le vinieran dando plomo? dijo Míster Mugre, un médico que al no tener dinero para culminar su carrera, debió especializarse en curar dolores abdominales de cualquier origen incluyendo orinaderas y afanes parturientos acompañados de pujo toda la noche y falta de fortaleza en el faro para desahogar calenturas en el catre, de mujeres hermosas y necesitadas de emociones placenteras, con cocimientos de plantas verdes antiespasmódicas, amargas, dulces y diuréticas, lo que muy pronto le originaría muchas simpatías de parte de todos los géneros humanoides, al punto, que le pedían más de lo que él y su sabiduría podía dar:

Pero antes que Agapito Pereira fuera socorrido por Míster Mugre, sucedió lo inesperado por cuanto una elegante mujer se atravesó en el camino y accedió primero a conversar con el misterioso galeno en cierne.

--Mire doctor—le rogaba la bella mujer—por favor haga algo para que mi marido vuelva conmigo—le dijo con rostro de delirio y frases entrecortadas.

--Pero bueno mujer, yo soy médico, no brujo—contestó el médico yerbatero algo extrañado en el sentido que la mujer le dio a significar que era un vulgar yerbatero hablador de mierda, y un brujo que con sus depurativos vegetales, lograba que los muertos hablaran con él, una versión totalmente equivocada por cuanto que, Mister Mugre no era hechicero, vidente o espiritista ni mucho menos preparaba y daba filtros de amor o nada por el estilo.

--Mi querida dama, tenga la bondad de marcharse inmediatamente de mi casa, o me veré en la penosa necesidad de llamar a la policía para que den cuenta de su presencia. Usted señora, ¡está loca de remate!—la reconvino bastante indignado el médico de la provincia.

Una vez se fue la desquiciada hembra, el otro paciente le habló a Míster Mugre:

--Mire doctor, por favor, abra la puerta que estoy muriendo con un maldito dolor que me está reventando las tripas. ¡Abra por amor a Dios!—suplicó el hombre que estaba a punto de sucumbir ante los retorcijones de barriga que lo hacían ver como un hombre abatido por el malvado dolor de tripas .que lo tenía sometido como si estuviera atrapado dentro de su propio organismo.

Míster Mugre no creyó el discurso del hombre enfermo, así que fue a la armería que tenía apostada en el zarzo de la macabra construcción, enseguida cargó su vieja escopeta de cazar tigres, y entonces sí se animó a abrir la puerta de su casa al enfermo, pero eso sí: advirtiendo que de ser mentira lo que estaba diciendo el supuesto paciente, le daría plomo.

--Bueno Agapito o como se llame usted, realmente, voy a abrir la puerta pero sepa, que desde ya, lo estoy apuntando a los huevos porque si lo que quiere es atracarme ¿oyó? lo increpó con voz de sangrón, de regañón.

--Bien pueda Mister Mugre, hágalo si es lo que quiere pero por favor quíteme este maléfico dolor que ni siquiera me deja respirar--.

--Está bien—abrió la puerta de la vieja casona Míster Mugre en medio del desagradable ruido de las vetustas bisagras que permitían abrir y cerrar las pesadas puertas de madera serrana—siga y cuidado hace algo raro porque le descargó los perdigones de mi escopeta—aclaró Míster Mugre y lo dejó ahí tirado como un perro sin su amo.

--Bueno señor Agapito, ahora sí, cuénteme qué le sucede y ¿por qué esa cara de susto?, dijo Mister Mugre.

--Mire doctor algo muy malo me está pasando, porque parece que alguien estuviera metido dentro de mí, haciéndome maldades y atormentándome con un dolor que me quiere reventar las tripas. En dos palabras, doctor, las tripas me gruñen tanto como si me quisieran hablar desde allá dentro y además, vivo con unas permanentes ganas de mear y cuando me dispongo a hacerlo, no sale nada de orina—contó el hombre.

--Mire Agapito, o como se llame, lo que me está contando es como una película de terror porque de verdad, esos síntomas son más parecidos a un maleficio de algún brujo, que le pudo haber mandado un espíritu bien malvado para que lo jodiera y no lo dejara tranquilo, que de una simple enfermedad o mejor: de un simple dolor estomacal, yo veo que su caso es bastante complejo—le aclaró Mister Mugre, que cuando lo estuvo examinando y escuchando los sonidos de sus pulmones, de sus vísceras y de su corazón con el fonendoscopio, experimentó una sensación rara como una fuerza extraña que le llegó por un momento a nublar la vista como si estuviera narcotizado o borracho.

--Doctor, imagínese—prosiguió el desesperado paciente-- que cada vez que estoy haciendo el amor con Bertilda mi mujer, cuando estamos en el mejor momento, saz, se me baja el pájaro y hasta ahí llegó todo por cuanto que, dejo a mitad de camino a mi esposa y eso me mortifica y me avergüenza con ella—narró con pormenores otra parte de su macabra historia referente al drama que estaba viviendo.

--Bien mí apreciado amigo, lo que sucede es que ya usted no tiene fortaleza de macho cabrío y al parecer, su mujer le está pidiendo demasiado y usted no le ha sabido dar lo que ella necesita: un verdadero hombre que la ponga a volar en la cama, pero por otra parte, lo voy a mandar a donde

Toribia del Monte Sacristán, una antigua mujer del siglo pasado que sabe muchas vainas raras, entre otras: sacar espíritus malignos y mandarlos pa la porra. Eso sí, --advirtió el galeno yerbatero—no se asuste cuando la conozca porque de seguro se va a espantar por cuanto tiene una cara de bruja que no puede con ella, pero usted disimule y haga lo que le diga y verá que ese espíritu de enfermedad que le pusieron, sale a volar. Vaya con Dios y después me busca y me dice qué pasó con esta bruja—le recomendó y de paso lo despidió.

El preocupado hombre fue y se presentó ante Toribia, la bruja del pueblo que tenía fama de ser el verdugo de los espíritus malos, y ella ni corta ni perezosa, lo exorcizó y como dijo el doctor Mugre: mandó a volar a la legión de espíritus malignos que le habían legado, e inmediatamente el hombre empezó a cambiar, sin embargo la bruja le dijo que volviera a consulta con Mister Mugre para que lo terminara de sanar de la miadera que no era de hechicería, sino de otra cosa, y así lo hizo Agapito Pereira: fue y se presentó, contó lo acontecido y la manera como Toribia, la bruja del pueblo lo ayudó. Ante esa situación Mister Mugre le dijo:

-Bueno entonces vamos a empezar el tratamiento conmigo— e inmediatamente empezó a poner en orden el instrumental médico de su consultorio medieval que parecía una mazmorra.

--Póngase en posición y respire profundo--, le ordenó.

Míster Mugre en consecuencia, procedió a hacer lo que debía hacer: un tacto rectal para saber si era la próstata la que tenía sometido al paciente. Finalmente terminó de palpar y una vez terminó, enteró al hombre acerca de lo que encontró cuando introdujo uno de sus dedos rechonchos de la mano derecha, en el ano del atormentado hombre.

--¡Hay que operar! dijo el médico yerbatero y prosiguió:

--Su próstata está hecha una desgracia, así que vamos a ver qué hacemos para que usted se sane y pueda recuperar los afectos nocturnos de su esposa, ¿le parece?

--Claro que si doctor, hágale—le dijo el hombre desesperado.

Mister Mugre echó mano de sus profundos conocimientos de las plantas para revivir muertos y después de muchos cocimientos de raíces, de hojas verdes y de huevos de toro bravo, logró finalmente aliviar los males que aquejaban a Agapito Pereira sin que tuvieran que operarlo, quien pudo hacer feliz a Bertilda su exigente esposa, que no cabía de la felicidad cuando le contó en confidencia a una amiga suya:

--Mi marido sufrió un cambio y ahora parece un toro bravo en la cama y todo se lo debemos a Míster Mugre y a Toribia, la bruja del pueblo.

Al médico Yerbatero le decían Mister Mugre, debido a que vestía muy mal y porque siempre andaba desgreñado y bastante descuidado en lo personal por cuanto sus uñas siempre las tenía llenas de mugre, no se afeitaba y usaba (una capa grande), un ropón negro y largo como Drácula.

Finalmente Bertilda, la esposa de Agapito Pereira, hizo una última reflexión acerca del cambio de su marido y del médico yerbatero:

--De todas maneras, así mugroso y todo, el doctor Mugre le arregló la vida a mi esposo que ahora no me deja descansar. No sé qué le hizo, pero algo raro le hizo y logró despertarle el animal que tenía dormido--, acotó la feliz mujer que empezó a vivir días de gloria junto a Agapito Pereira.

 

 

 

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