José Luis Marcantoni un verdadero maestro de la arquitectura

Entrevista 

 

“En Colombia no se puede hablar de un posmodernismo a la Colombiana, porque hay mismo brincan todos los que creen que el único posmodernismo que es la putería es el europeo y se les olvida que el posmodernismo colombiano también puede ser la putería”

 

El arquitecto José Luís Marcantoni, a sus 74 años, nos hace un recuento de su vida,  desde su llegada  a Bogotá acompañado de sus padres y sus dos hermanos  a finales de la década de los 50, cuando la urbe apenas llegaba hasta la calle 85 con 14 en el antiguo barrio del Country y la ciudad mostraba sus lustrosas vías bien pavimentadas en medio de la escasez de automóviles de la época que transitaban por la apacible y segura capital de entonces.

 

La vida de Marcantoni, está llena de momentos apasionantes que quiso desnudar al contarnos sus inicios como arquitecto y  profesor universitario, convencido que el diseño arquitectónico tiene un fundamento atado por siempre a la visión y a la creatividad. 

 

En este corto reportaje realizado por ReporterosOnline.com, José Luis Marcantoni, nos deja deambular por sus espacios y nos lleva con su narración a la vida de un  hombre aventurero y carismático, lleno de una energía envidiable que con los años y sus miles de proyectos se fue convirtiendo en un apasionado de la forma y los espacios. Ganador de 8 premios de arquitectura nacional, Marcantoni es un verdadero maestro de la metodología del diseño, que  comparte su trabajo con su amor por la lectura y su pasión como caballista que profesa un gran amor por la vida familiar.   

 

José Luis Marcantoni, acaba de entregar su proyecto para la construcción del nuevo Palacio de Justicia de Medellín y de una serie de escenarios deportivos para la ciudad de Villavicencio que muy pronto serán construidas con su impronta. 

 

ReporterosOnLine: ¿Cómo era la relación con su padre y cómo llegan a Bogotá?

 

José LUis Marcantoni - Mi padre era un hombre de origen italiano muy serio que por cosas del destino fue llamado a gerenciar los laboratorios farmacéuticos Pard Davis, por eso nos vinimos de Argentina y llegamos a vivir a la zona norte de la ciudad donde habían pocas construcciones y estaba poblada en su mayoría por extranjeros, algunos “gringos” llegados a trabajar en las petroleras.  En la zona no había supermercados y las tiendas de esquina eran atendidas por un francés, un italiano o un alemán. Bogotá era algo así como muy europea  y algo que nos llamaba mucho la atención era que todo estaba pavimentado pero los carros solo pasaban de vez en cuando. Existían los buses amarillos de grandes farolas que cubrían los viajes hasta el centro. por ese entonces pagábamos 15 centavos. Recuerdo que veíamos a las señoras campesinas con su mantón negro y su sombrero vendiendo leña en las esquinas. 

 

ROL : ¿Por qué  escogió ser arquitecto?

 

J.L.M. - Nunca fui un estudiante brillante, cuando llegamos a Bogotá y entre a estudiar al colegio Helvetia casi me traumatizo porque era en francés y yo no sabía nada de ese idioma. Me iba mal, era un colegio suizo muy elegante donde nos daban el almuerzo. Después estuve en varios colegios, en la Salle de la Calle 60 de donde me echaron por vago, al final terminé en el Simón Bolívar, dirigido por el maestro Gregorio Rentería Mallarino, un hombre extremadamente humano, en una vieja casa de estilo inglés en la calle 74 con carrera14, allí viví momentos inolvidables de mi adolescencia y ahí me gradué de bachiller. 

 

A mí me gustaba la economía, aunque siempre tuve buena disposición para el arte. Inicialmente entre a economía en la Universidad Tadeo y me echaron por vago y porque era muy enamorado. Realmente no me gustaba la economía como creía en un comienzo. Entonces mi padre que era muy estricto me envió a trabajar al laboratorio como mensajero y me dijo que poco a poco subiría de puesto. Le dije que cómo me iba a poner en esas, que me diera una oportunidad, me respondió que estaba cansado de invertir en mi, al final me dijo que me iba a dar la oportunidad, pero tenía que estudiar lo que él decía y era, que yo no servía sino para una sola cosa para ser arquitecto. Ahí me di cuenta que mi padre me conocía mucho más de lo que yo pensaba, así fue como me pagó el primer año, con la condición que debía presentarle buenas notas y el decidiría si me seguía costeando los estudios y  si no debía devolverme a trabajar en el laboratorio.   

 

ROL - ¿Cómo fue su estudio de arquitecto?

 

J:L.M.- Entre a la gran Colombia y me convertí en un excelente estudiante, pero tuve un desencuentro con un directivo de apellido Gutiérrez que no me quiso entregar las notas para llevárselas a mi padre y terminé en malos tratos con ese individuo, eran mediados de los 70 y a nosotros los estudiantes no se nos podía decir nada porque revirábamos por todo y  así terminé por fuera de esa universidad, pero lo que es la suerte, un profesor que me dictaba antropología y era el decano de la universidad Piloto me recibió y finalmente me gradué como arquitecto, incluso por esos días fui escogido junto a otros dos estudiantes  para representar la universidad en el diseño de la Universidad Libre. Con los años volví a la  Universidad Piloto como profesor de diseño arquitectónico. Siempre me sentí muy feliz de enseñar y estar rodeado de estudiantes, es algo muy gratificante.  

 

ROL: ¿Cómo fueron sus primeros trabajos? 

 

JLM - A lo 15 días de mí graduación, me llamó uno de mis profesores Gustavo Isarraga y me dijo que había una firma que necesitaba un arquitecto y me había recomendado. La firma era nada menos que Antonio J Ramirez. Su dueño era un arquitecto de la Universidad de los Andes, que reunía a los más prestigiosos de Bogotá. Gustavo Shader Sayed, Juan Antonio Angel, quien murió en un accidente aéreo en Centro Améric, a  Edgardo Gutierrez de Piñeres un arquitecto de Santa Marta, Germán Clavijo e Iván Moré. Yo era el más joven.

 

Era gente de mucha trayectoria y yo entré como dibujante y me metieron como residente de obra en un proyecto de unas casas en serie que estaban haciendo sobre la 97 arriba de la 11 mientras al mismo tiempo trabajaba en la oficina, pero lo que quería era entrar a diseñar con estos maestros, hasta que un día en que todos los arquitectos estaban con proyectos y había que hacer un esquema para presentarle a una señoritas de apellido Torres, dos solteronas muy ricas dedicadas a la ganadería  que querían construir un bifamiliar  y Antonio J. me dijo, José Luis  porque no te haces un esquema para mañana. Yo hice el esquema  y en la junta del día siguiente durante la discusión cuando lo mostré, la mayoría dijo que no servía y que para que le daban al chino esa vaina, que era un aprendiz. Me sentí mal y acomplejado, hasta que Antonio dijo yo soy el dueño de la firma y tengo que presentar algo y así sea malo, bueno o regular lo voy a presentar. ese día  yo explique el plano rodeado de todo el séquito de la arquitectura y las señoras dijeron, eso es lo que nosotros queríamos. A partir de ahí  me convertí en uno de los diseñadores de la firma más apetecidos por los clientes. 

 

ROL ¿Que pasó luego de entrar con pie derecho como diseñador en la firma? 

 

JLM - A la firma llegaba gente  a que le diseñaran y me fui haciendo conocido de los clientes que  decían que querían al arquitecto de la melena y la barba. Ganaba en esa época $ 6.500 y para mí era muy buena paga ya que mi padre me daba otros cuatro mil pesos, hasta que un día llegó un ciudadano alemán y le dijo a Antonio, el presidente de la firma, aquí hay un arquitecto de barba que quiero que me diseñe mi casa y mientras el cobraba $30.000  a mi me seguían pagando  pagando los $ 6.500, pero nunca me quejé por eso y en cambio comencé  a coger fuerza.  

 

Meses después decidí renunciar y monte una oficina en el parque de los hippies de la calle 60 con 9a inicialmente solo y convencí a Iván Moré para ser el dibujante y empecé a dedicarme a los concursos de arquitectura, incluso por esos días  estuve a punto de ganarme el de la Alpujarra. No me lo gané y no supe por qué, pero inmediatamente me puse a diseñar un proyecto para  el Coral Palace, el palacio de San Andres Isla, comencé a diseñarlo a las 10 de la noche y lo envíe al siguiente día, me lo gane y me pagaron $ 4.800.000 en esa época año 73, eso era mucho dinero para un joven arquitecto como yo. Ahí comencé a coger cierta fama y “rumbiaba” mucho había días de  juerga que hoy al recordar me doy cuenta que se nos iba la mano.

 

 En el año 75 me llamó Shader que lo habían contratado para diseñar el Centro 93 y tenía mucho trabajo, por lo que me recomendó  que esa obra la podía hacer Marcantoni y así terminé diseñando el Centro 93  por el que me pagaron 4 millones 500 mil pesos y seguía trabajando con Iván Moré que era un verdadero genio. Yo le contaba el proyecto y él lo iba dibujando a escala, sin escala en la mano  a Lápiz y quedaba perfecto, con Iván nos fue muy bien. Un día me llama Shader y me dijo, quiero asociarme con usted y nos asociamos en la época de Misael Pastrana. Hicimos muchos proyectos de vivienda. Tuve una vida terrible en un círculo donde había mucha vida nocturna y rumba. Por esos días había vuelto con mi novia que sería mi esposa. Todos los diseños que hacíamos se vendían realizamos muchos, la fábrica de viscochos Cyrano, la remodelación del Contry Club, viviendas para los judios. Gané mucha plata y con Shader que bebía de manera terrible, había días en que me desayunaba tomando menta frapé, una vida terrible, era un circulo de arquitectos pesados.

 

ROL - ¿Pero terminó separándose de esa sociedad?

 

J.LM. Me separe de Skader porque a pesar que me iba muy bien yo no quería ser el número dos y con él era el número dos. Yo estaba muy joven y sentía que a su lado nunca podría ser el número uno, y aunque nunca he llegado, siempre ha sido mi sueño. Era como un papá para mí, fue el que me enseño todo el oficio. Así arme mi tienda aparte y arranque solo y así  ha sido hasta el día de hoy trabajando en diseño. 

 

A mí no me gusta la construcción. En la época que me hice arquitecto, me codeé con tipos extraordinarios. en la arquitectura, el Pajarón Bermúdez, el papá de Daniel Bermúdez, el  arquitecto de moda, que diseño las obras de la Tadeo, Alfonso Robledo, Jorge Rueda de (Rueda, Gómez y Morales) que fue mi director de tesis, un genio de la arquitectura que murió muy joven. Germán Clavijo, el Mono Martínez, yo creo que esa fue la época donde surgieron los mejores arquitectos en los años 60, 70 y comienzos de los 80, ahí estaban los mejores de Colombia y Suramérica. En el caso de Rogelio Salmona, su nombre es cuento aparte en la arquitectura.

 

ROL ¿Cómo ve hoy la arquitectura que se está haciendo en el país?

 

J.L.M.- Ahora hay mucho facilísimo, empezaron a aparecer unas tendencias de la arquitectura donde se olvidan ciertos parámetros o ciertas leyes, ahora diseñan cualquier cosa. En esa época no, se respetaba lo que era un hall, una circulación, eran  arquitectos muy estudiosos, todos eran maestros y profesores universitarios, en parte eso fue lo que me hizo incursionar como profesor en el año 76 y lo hice por casi 22 años en la Universidad Piloto donde llegué a ocupar los cargos de director de diseño y urbanismo y vice decano. 

 

Después de un tiempo me aburrí de la escuela porque  antes usted tenía con quien hablar sobre arquitectura porque eran tipos que hacían arquitectura y te podían mostrar lo que hacían,  pero llegó un momento en que en la escuela me tenía que sentar a evaluar proyectos con alumnos que no habían hecho proyectos, profesores que no habían construido ni un baño y no habían diseñado absolutamente nada.

 

  

ROL ¿Cuáles son los mejores Urbanistas? 

 

J.L.M.- Son los arquitectos sencillos, los que no tienen especialización en urbanismo como Rogelio Salmona, un verdadero genio del urbanismo y la arquitectura. Los que son solamente arquitectos son los mejores urbanistas, porque  tienen más conciencia del problema y para ellos la composición, la  armonía, la estética virtual es vital, por que existe el principio de proporción.

 

A muchos les faltó leer y entender a Biturbio el padre de la arquitectura griega, porque el que niega a este genio, simplemente niega la arquitectura.  En Colombia se ha avanzado en algunas cosas, pero en producir ideas no hemos avanzado. En los años 70 y 80 los arquitectos producían arquitectura, eran más competitivos, ahora se volvió una arquitectura comercial, yo soy de la época en que la función y el volumen debe tener una coherencia. Hoy  te hacen un estadio de futbol por fuera, pero por dentro es un hospital y es difícil para las personas identificar las obras. Las construcciones se tienen que poder identificar.

 

En Colombia tenemos raíces arquitectónicas muy marcadas y hay que conocerlas y digerirlas para producir una nueva arquitectura sin olvidarnos de las raíces. Nosotros podemos producir un posmodernismo colombiano. 

 

Sin embargo, “En Colombia no se puede hablar de un posmodernismo a la Colombiana, porque hay mismo brincan todos los que creen que el único posmodernismo que es la putería es el europeo y se les olvida que el posmodernismo colombiano también puede ser la putería”. 

 

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