Ambiente

La ganadería colombiana le apuesta a la sostenibilidad ambiental. 


En la producción rural hay una importante captura de carbono que debe ser 
reconocida por los ambientalistas, los gobiernos y los consumidores. 
Fedegán, Bogotá D.C. agosto 11 de 2019. La ganadería colombiana se ha propuesto devolverle a la naturaleza 10 millones de hectáreas de tierra, y una de las estrategias para hacerlo es establecer 1 millón de hectáreas en sistemas silvopastoriles, de tal manera que la actividad se convierta en permanente capturador de carbono y amigable con el medio ambiente.

Apuntando a ese objetivo, el programa piloto “Ganadería Colombiana Sostenible” que hemos desarrollado en una amplia alianza con el Banco Mundial, el gobierno del Reino Unido y
reconocidas instituciones y fundaciones del sector ambiental, es una meta alcanzada exitosamente y un derrotero para la transformación sostenible de la ganadería
nacional. Con este proyecto hemos establecido un nuevo paradigma para nuestra producción ganadera, demostrando que se puede mejorar simultáneamente la productividad de las fincas, el ingreso de los productores y la conservación del medio ambiente.

El objetivo intermedio que tenemos a 2022, es establecer 100 mil hectáreas en sistemas silvopastoriles, devolver a la naturaleza al menos 700 mil hectáreas y dar un fuerte impulso para lograr unas exportaciones de carne por valor de 500 millones de dólares en ese año.

Tres fortalezas

Ante las voces enemigas de la ganadería y del consumo de carne y leche, como supuestas causas del calentamiento global y del fin del planeta, el sector ganadero colombiano fija una clara posición de rechazo al tiempo que insta a que se tenga un debate honesto y
equilibrado.

En primer lugar, debe tenerse en cuenta que el sector ganadero colombiano contribuye con un 24,8% del PIB agropecuario y el 1,6% del producto nacional. Luego estamos hablando de una actividad con un gran peso en la economía que no solo genera más de 900.000 empleos, sino que tiene arraigo en muchas zonas rurales donde es la principal fuente de ocupación y generación de ingresos lícitos para sus habitantes.

En segundo lugar, dada nuestra especial ubicación geográfica, con una alta exposición al sol del trópico durante todo el año y una acelerada generación de biomasa, nuestra economía rural y ganadera está llamada a jalonar el desarrollo del país como un importante abastecedor de alimentos como lo son, por ejemplo, Australia, Ucrania o Argentina. El mundo demanda cada vez más alimentos y nosotros tenemos lascondiciones para proveerlos de la manera más eficiente.

En tercer lugar, como se ha demostrado en el programa “Ganadería Colombiana Sostenible”, la producción ganadera en sistemas silvopastoriles ha contribuido de manera contundente al mejoramiento ambiental. Esto se ha probado sin sesgos ni especulaciones a través de rigurosas mediciones, hasta el punto que los silvopastoriles se han ubicado como la 9a entre 100 alternativas globales para reducir el calentamiento global.

Debate maniqueo

En cuanto a las emisiones de gases de efecto invernadero, los modelos de producción ganadera sostenible han demostrado ser de alta eficiencia en la captura y almacenamiento de dióxido de carbono, así como en la reducción de las emisiones de gas metano y óxido nitroso, además de otros beneficios no menores como son el aumento de la biodiversidad y la descompactación de los suelos por circulación subterránea de faunaedáfica, como son los escarabajos.

Vale la pena señalar que el debate del costo de las emisiones generadas por los rumiantes ha sido un debate maniqueo del lado de los detractores de la ganadería e incluso de la
producción agrícola misma.

Hasta ahora esos actores solo se han concentrado en cuestionar el impacto de las emisiones, sin tener en cuenta para nada los fenómenos de captura de carbono que se generan en esas mismas actividades por parte del material vegetal y de los sistemas de producción natural en pastoreo a base de forrajes, arbustos y árboles que permanecen vivos y en constante interacción no sólo con los animales a los que brindan alimento ycobijo, sino también con la atmósfera de la cual capturan gases y a la cual ayudan a limpiar en un permanente círculo de compensaciones que aseguran el equilibrio ambiental.

Recientemente, el reconocido científico e investigador argentino Ernesto Viglizzo, doctorado de la Universidad de Lovaina y galardonado en los premios CITA 2019 a la Innovación en Tecnología Agropecuaria del país austral, ha hecho un fuerte llamado a la verdad y que cese la mentira sobre el tema de las emisiones de gases de efecto invernadero.

En un informe titulado “Emisiones, secuestro y balance de carbono en ambientes rurales del Mercosur: En busca del “eslabón perdido” de carbono”, el investigador Viglizzo, junto con la doctora en ciencias agrarias y conservación de recursos naturales María Florencia Ricard, concluyeron que, gracias al amplio desarrollo ganadero de la República Argentina, a los cambios en el uso del suelo y a la producción anual de cereales y oleaginosas, ese país ha logrado “compensar” las mayores emisiones de Brasil, Paraguay y Uruguay, al punto que no dudan en calificar a Argentina como un “país carbono neutro”.

Sin duda una buena noticia para el planeta: La culpa no es de la vaca. Y en ese mismo sentido avanza la ganadería colombiana

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